ANIMALES EN LA CIUDAD

He ido recogiendo en internet diversas fotografías con protagonistas en común: Lo animales  de carga. Hoy salvo perros, con chubasquero para que no se constipen,  es imposible ver otro tipo de animal en la ciudad.  Tengo recuerdo en mi infancia de la cabra subiendo por la escalera al ritmo del tambor, del  burro que tiraba del carro de Juanito repartiendo las barras de hielo y el de los organilleros. También de las mulas que llevaban los sifones de la fábrica de la  “Cuesta de la Unión” y las del carro del pescado  que lo acercaban a la plaza de Lugo desde el puerto.

A finales de los setenta en el colegio en que trabajaba, hizo su aparición en pleno patio a la hora del recreo un burro tirando del carro que iba buscar la lavadura. Siempre esperaba fuera, aquel día debió de quedar la puerta del patio abierta y no se le ocurrió mejor idea que entrar. La que se armó fue buena,  con todos los chicos en el patio detrás de burro, carro y carretero. 

 

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FOTO: BLANCO

Una mañana de comienzo de los sesenta Juan Flórez se vio visitada por esta manada de vacas,  iban camino de la cercana plaza de toros donde serían recogidas por los ganaderos para llevarlas a sus establos. Todas ordenaditas, no aparece ningún desmán: vienen y van.

En la primera foto pasan a la altura de la calle Ferrol, de frente en la esquina estaba ultramarinos La Paloma de doña Rosa, persona amable y cariñosa,  y su hijo Julio. Tenían un empleado: Pepe, que llevaba los pedidos en un cestón de mimbre del que salían siempre cosas maravillosas. Hoy la esquina y parte de la calle está ocupada por la elegancia de Ottodisanpietro, lo que es la evolución.

La segunda es donde hoy está Cortefiel, a la izquierda de la foto. Entonces el Leirón o Parque del Casino, a la derecha un garaje con surtidor de gasolina. La calzada empedrada y de doble dirección,  al fondo de la imagen la Plaza de Pontevedra.

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Plaza de Mina 1915, a la derecha la casa Fernandón, hoy la de Unión y el Fénix. Gran animación en este cruce de caminos. Al fondo a la izquierda lo que con el tiempo sería la Rosaleda en terrenos del Malvecín y por la calzada los tranvías tirados por caballos, la gente convive tranquilamente entre el tráfico de la época.

La segunda foto de 1917. Observamos que ya hay tranvías eléctricos, comienzan en el 13, pero sigue habiendo mucho transporte en animales. Al fondo, la construcción de la torre de la iglesia de los Jesuitas y ligeramente a la derecha el hotel Francia.

Los taxis de comienzos del siglo pasado ya paraban cerca del Obelisco acercando a lo “más más” hasta los toros si era necesario, como nos muestra la foto de la derecha. Me recreo en la elegancia de las calesas con toldo para suavizar los calores de agosto.

Es el año 1909 y el fotógrafo Pedro Ferrer. Al lado del Obelisco había este establecimiento de venta de leche donde acercaba la leche el carro.

El carro de la derecha transporta cervezas de la fábrica de La Estrella de Galicia y por lo que se ve alguno quería aligerar el trabajo de las mulas. Parecido carro transportaba a comienzo de los sesenta los sifones de la fábrica de la Cuesta de la Unión.

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Durante la huelga general del 17 en A Coruña fueron los Exploradores de España los encargados de la limpieza de las calles. Pedro Ferrer nos deja este interesante documento. La foto tomada en los Cantones podemos ver la librería Zincke. No aparece el teatro Linares Rivas, antecesor del Avenida, todavía no construido.

Dos imágenes para aliviar fríos y calores. En la primera a principios de siglo vendedoras de piñas saliendo del Campo de la Leña, después de su venta para ser quemadas en las cocinas económicas también conocidas por bilbaínas. La segunda  foto  tomada en el año 1959 por Blanco en la calle Rubine.  Verano con toda seguridad. Botijero con ayuda del burro, donde lo aparcaría, acercaba su producto para refrescar el agua. En muchas casas la nevera no había llegado. A la derecha de la fotografía estaba el periódico El Ideal Gallego y el colegio de las Terciarias. Todo fue poco a poco desapareciendo con el progreso.

 

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Organillero a comienzo de los sesenta en Los Porches conocido como el “Bernabéu”. No era el único, recuerdo un matrimonio que recorría con su organillo los lugares de terrazas animando al personal. En la fiesta del Casino se acercaban y en alguna ocasión daban permiso para darle a la manivela.

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Seriedad en esta entrañable foto de 1903. Siempre dispuestos a ayudar si lo requería la ocasión.

Y se acaba la historia, todo evoluciona, cambia, fluye.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

SIN PALABRAS 1

El humor gráfico de mediados del pasado siglo solía añadir a pie del dibujo un escueto: “Sin palabras”, cuando no tenía texto. Retomo esa expresión que en principio es algo así como: “Todo está dicho”, para titular esta nueva categoría en el blog. Pondré dos fotos, una antigua y otra actual,  sin comentario. Daré información  del lugar, año y autor; dejando a los blogueros los posibles comentarios. Titularé cada entrada con “Sin palabras 1, 2, 3…”. Espero que entretenga  a alguien.

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CASA GÓTICA, A CORUÑA. 1924. FOTO: RUTH ANDERSON.

 

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EN LA ACUALIDAD. FOTO: A.R.

 

 

 

LOS NARCISOS CAMINO DE LA BALSA

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DOBRO (BURGOS). Esta fotografía está tomada en la Ruta de los Sentidos (Puente Arenas-Tudanca), Burgos (GR 85), en el Parque Natural de las Hoces del Alto Ebro. A unos cuatrocientos metros del pueblo de Dobro y camino de La Balsa, nos encontramos si pasamos alrededor de la primera luna llena de primavera, con un tapiz amarillo de considerable tamaño, formado por  bellos  y alegres  narcisos. Salen entre helechos y aliagas en una suave ladera, al pie de hayas, orientada  al norte frente a Peña Alta.

Continuando el fácil camino, al despuntar el día o al atardecer lo más probable es encontrarnos con corzos que pastan tranquilamente; llegamos a una balsa artificial construida para el riego a comienzos de los ochenta. Este lugar de niño lo conocíamos como Sundelagua y estaba formado por una serie de pozas comunicadas que se nutrían del agua del deshielo. Había allí abundantes cangrejos ibéricos; muchas tardes, en compañía de un querido tío, pasé  allí dedicado a su pesca.

El ir a pescar los cangrejos era todo un ritual. Esperar que el sol empezase a declinar, preparar los reteles, buscar el cebo apropiado… la merienda no podía faltar. El lugar adecuado donde poner los reteles era fundamental para tener una buena pesca, si no acertábamos con la elección había que cambiarlos de lugar y  esperar sentados contando historias y echándonos unas risas. Qué alegría al sacar los reteles y contar los que venían: seis, siete, ocho…los gordos al cesto y los canijos al agua para que creciesen, “de aquí no marchan hay que dejar que engorden” decía mi tío.

Hoy en La Balsa, del cangrejo solo queda el recuerdo, ha sido sustituido por una especie de carpas invasoras que algún esforzado pescador utiliza para pasar el tiempo. Cuando paseo alrededor de La Balsa veo a los pescadores con cara triste, no sonríen. Les falta lo que yo tuve hace ya muchos años: ¡Los cangrejos!

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CUANDO AL PARQUE DE SANTA MARGARITA LE LLAMÁBAMOS MONTE

 

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AÑOS CINCUENTA. FOTO: ALBERTO MARTÍ

Muchas tardes de jueves disfruté entre pinos y eucaliptos en el Monte de Santa Margarita. No existía la prohibición de pisar el césped, no se molestaba a nadie con el balón, o con los objetos que nos lanzábamos en nuestras eternas luchas; era la alegría de jugar sin preocupación.

Llegaba al Monte por el callejón del Lagar y ya en la Avenida de América aparecía la majestuosa cantera donde hoy está el Palacio de la Opera. La única advertencia era que no nos acercásemos a la cantera. Similar a la  historia de la Biblia de Adán y Eva, tantas veces relatada en el colegio, del fruto prohibido. Y como la manzana prohibida, la cantera siempre atraía, sobre todo cuando aparecían arriesgados muchachos que serpenteaban por los salientes de las rocas intentando llegar lo más arriba posible. Sentía envidia. Algún día coincidía oír una cornetilla que avisaba que iba a estallar un barreno en la cantera, pues estaba en funcionamiento. Mis padres, que de recién casados habían vivido en la calle del Palomar, contaban que a veces habían entrado pequeñas piedras por la ventana como consecuencia de los barrenos.

Otras veces subía por la Cuesta de  La Unión y a la mitad de la calle podíamos contemplar las mulas tirando de algún carro para transportar los sifones y gaseosas que se hacían en la fábrica que allí había.  A la entrada del Monte, estaba el chalet de Enrique Mariñas, con su singular Mercedes. Cuánta emoción transmitida con su palabra  en aquellos partidos narrados en la radio. También aquí la calle era animada por niños que la bajaban  hasta llegar a Juan Flórez o más abajo montados en los carritos fabricados por ellos.

Una vez en el Monte todo era libertad. Los juegos variados, guerras lanzándonos bolitas de eucalipto, tirachinas,  esconderse en el inmenso espacio, jugar al futbol en la explanada, intentar meterse en la construcción que después sería la Casa de las Ciencias, hacer indagaciones en los restos el viejo molino, sortear los pulpos puestos a secar. Los juegos a veces eran interrumpidos  para acercarnos a curiosear desde la lejanía los viejos camiones de Radio Nacional que estaban  cerca del viejo molino, en el lugar que hoy ocupa la biblioteca.

Repetíamos historias oídas a nuestros mayores, ampliándolas y fabulando con espías alemanes y submarinos como protagonistas. No en vano los conocíamos como “los camiones de los alemanes”.

La verdad después contrastada, es que aquellos viejos camiones llegaron de Burgos a finales del 39 después de haber dado servicio a los golpistas en la Guerra Civil. La programación de Radio Nacional en un principio era escasa,  pero el resto del día emitía señal para  los barcos alemanes. En el 42 emitió programas destinados a los voluntarios de la División Azul. Deja de funcionar como centro emisor en 1963.

Hoy mi querido monte ha evolucionado con instalaciones y cuidados que son ejemplo de un buen hacer. La Casa de las Ciencias, joya del parque y de la ciudad, el Palacio de la Ópera en terrenos de la antigua cantera con su cascada artificial, las pistas de variados juegos, merendero, parque infantil, Centro Social…

En esta entrada al blog quiero dejar especial recuerdo de  los pulpos tendidos a secar, los viejos y enigmáticos camiones de los alemanes y por encima de todo el juego en completa libertad con la escalada por la prohibida  cantera, que nunca intenté…  ¿o sí?

 

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AÑO 1959

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FOTO: FERRER

 

EN LA ACTUALIDAD

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LUGAR DONDE ESTABAN LOS VIEJOS CAMIONES DE RADIO NACIONAL

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LA CANTERA EN LA ACTUALIDAD

 

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PALACIO DE LA ÓPERA

 

 

 

 

 

EXPOSICIÓN: MIGUELANXO PRADO EN EL KIOSCO ALFONSO

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Visito este fin de semana la exposición de la obra de Miguelanxo Prado en el Kiosco Alfonso de A Coruña. La muestra recoge a través de más de trescientos cuadros lo último del trabajo del historietista.

A lo largo del recorrido van apareciendo las imágenes de “Belo Horizonte” resultado de un viaje a Brasil que nos trae un mundo de contrastes trabajados  con lápiz y acrílicos sobre papel, “Trazo de Xiz” (1993) una de sus primeras obras,  “Ardalén” (2012) la historia de una desaparición y la búsqueda,  “Presas fáciles” (2014) trata un  tema de actualidad sobre las  estafas bancarias y el dilema de la moralidad de la venganza.

Tal vez su trabajo más llamativo es el largometraje de animación: “De Profundis” (2006) del que hizo también una adaptación en formato libro. Es la historia de un viaje onírico en el océano con ausencia de diálogo y música interpretada por la Orquesta Sinfónica de Galicia.

Es un artista polifacético, ha hecho de todo, desde sellos de correos, etiquetas de vinos, campañas apoyando causas sobre el medio ambiente o Torre de Hércules, marca páginas…

Recorrer las salas viendo los dibujos es ir adentrándonos en un mundo a la vez mágico y real, acercarnos a la vejez, al recuerdo. Siempre presente el medio ambiente, la emigración, la incomunicación…

Una gozada esta ocasión que se presenta en el Kiosco, hay que visitar sin prisas, y continuar con la lectura o relectura de su obra. ¿Para cuándo volver a poner la película?

Sería un buen complemento de la exposición un folleto que diera una pequeña explicación sobre lo expuesto, últimamente falta en las organizadas por del Ayuntamiento.

 

QUEDA AQUÍ UNA PROVOCACIÓN PARA LA LECTURA

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CALLEJÓN DEL LAGAR

 

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CALLEJÓN DEL LAGAR, 1957. FOTO: ALBERTO MARTÍ

El callejón del Lagar tenía para mí un atractivo especial. El suelo sin asfaltar por donde corría el agua en días de lluvia, que había que ir sorteando trayendo el recuerdo de las callejuelas del pueblo castellano donde pasaba los veranos. Representaba una isla en la ciudad.

Empezaba este callejón en Juan Flórez entre la fundición Ortiz y la finca de los Molezunes, era el atajo para llegar al Monte de Santa Margarita y a la clase de francés con la querida madame Paulette. Una gran puerta de hierro siempre abierta marcaba la entrada de la espectacular finca. A la derecha dos o tres gigantescos eucaliptos y al fondo el aserradero con sus torres de madera ya cortada. En la muralla que cerraba la finca destacaban los carteles atractivos de circos y lucha libre. Qué gozada pararse a contemplarlos.

Abundantes talleres de barnizadores, carpinteros, tapiceros que salían en el buen tiempo a hacer parte de la tarea al aire libre daban un aspecto entrañable y alegre a la calle. El sonido de las sierras, el olor de pinturas, barnices, los vivos colores de retales de los tapices contribuían a un ambiente bullicioso y de vida distinta a la cercana calle de Juan Flórez.

A mitad del recorrido ligeramente a la derecha había unas escaleras que comunicaban con Cabo Santiago Gómez, aunque se le seguía conociendo por el anterior Antonio Lens. Este hombre fue el primer alcalde de la República y fundador de la “Cocina Económica”. Con la dictadura se cambia el nombre por el actual de Cabo Santiago Gómez primer muerto de la Guerra Civil en A Coruña al recibir un balazo cuando bombardeaba el Gobierno Civil desde el Parrote. Escribiendo esta entrada llega el nuevo cambio de nombre a esta calle que a partir de ahora se llamará “Sinfónica de Galicia”.

Hoy es imposible reconocer el sitio. La nueva calle rompió el tapón que hacía el callejón, dejando una comunicación directa con el Parque de Santa Margarita y el Palacio de la Ópera.

La mayor parte del callejón quedó sepultada por grandes edificios y la calle Donantes de Sangre.

Queda a la izquierda unos restos del callejón que sigue conservando el nombre y parte del aspecto que tuvo aunque asfaltado y con todos los talleres cerrados. Pasé hace tres días todo era silencio y soledad.

 

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EN LA ACTUALIDAD

 

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DERRIVO FUNDICIÓN ORTIZ, 1972. FOTO: ALBERTO MARTÍ

 

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EDIFICIO CORTEFIEL

 

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BAJANDO HACIA JUAN FLÓREZ. A LA IZQUIERDA LA DESVIACIÓN HACIA CABO SANTIAGO GÓMEZ

 

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EN LA ACTUALIDAD

 

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AL FONDO JUAN FLÓREZ. AÑOS 60. FOTO: ALBERTO MARTÍ

 

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EN LA ACTUALIDAD

LO QUE QUEDA DEL CALLEJÓN DEL LAGAR

 

 

 

 

 

 

LIBRO: “A CORUÑA DE PEDRO FERRER”

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Con motivo del Día del Padre recibo como regalo de mis hijas  el libro “A Coruña de Pedro Ferrer” obra de cuidadísima edición en gran tamaño editado por Xerais con muy interesantes textos de Carlos Díaz Martínez que contribuyen al conocimiento del trabajo del fotógrafo.

Pedro Ferrer es un referente en la fotografía coruñesa como lo son: Cancelo, Blanco, Alberto Martí, Vilar Martelo o Francisco Pillado. Parte de la historia del primer tercio del siglo pasado está en las fotografías de Ferrer,  siendo un recorrido por las gentes, fiestas, trabajos  y patrimonio de la ciudad.

Pedro Ferrer gallego de padre catalán nace en 1870 se mete en el negocio de su padre, calle Real,  que va evolucionando a través de los años desde imprenta, fotografía, hasta llegar a los fonógrafos y reproducciones musicales. Ferrer fue pionero en la industria discográfica gallega.

El libro a lo largo de cuatro apartados: Patrimonio histórico y monumental, Nuevo urbanismo y los trabajos, Fiestas y gentes, Patrimonio y gentes; desmenuza su obra. Libro interesantísimo para todos los amantes de la fotografía que recorremos las redes a la búsqueda del tiempo pasado. Forma un gran catálogo donde disfrutar en papel de lo que fue nuestra ciudad. No queda más remedio que hojearlo.

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PEDRO FERRER (1870- 1939). FUENTE: XERAIS