CALLEJÓN DEL LAGAR

 

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CALLEJÓN DEL LAGAR, 1957. FOTO: ALBERTO MARTÍ

El callejón del Lagar tenía para mí un atractivo especial. El suelo sin asfaltar por donde corría el agua en días de lluvia, que había que ir sorteando trayendo el recuerdo de las callejuelas del pueblo castellano donde pasaba los veranos. Representaba una isla en la ciudad.

Empezaba este callejón en Juan Flórez entre la fundición Ortiz y la finca de los Molezunes, era el atajo para llegar al Monte de Santa Margarita y a la clase de francés con la querida madame Paulette. Una gran puerta de hierro siempre abierta marcaba la entrada de la espectacular finca. A la derecha dos o tres gigantescos eucaliptos y al fondo el aserradero con sus torres de madera ya cortada. En la muralla que cerraba la finca destacaban los carteles atractivos de circos y lucha libre. Qué gozada pararse a contemplarlos.

Abundantes talleres de barnizadores, carpinteros, tapiceros que salían en el buen tiempo a hacer parte de la tarea al aire libre daban un aspecto entrañable y alegre a la calle. El sonido de las sierras, el olor de pinturas, barnices, los vivos colores de retales de los tapices contribuían a un ambiente bullicioso y de vida distinta a la cercana calle de Juan Flórez.

A mitad del recorrido ligeramente a la derecha había unas escaleras que comunicaban con Cabo Santiago Gómez, aunque se le seguía conociendo por el anterior Antonio Lens. Este hombre fue el primer alcalde de la República y fundador de la “Cocina Económica”. Con la dictadura se cambia el nombre por el actual de Cabo Santiago Gómez primer muerto de la Guerra Civil en A Coruña al recibir un balazo cuando bombardeaba el Gobierno Civil desde el Parrote. Escribiendo esta entrada llega el nuevo cambio de nombre a esta calle que a partir de ahora se llamará “Sinfónica de Galicia”.

Hoy es imposible reconocer el sitio. La nueva calle rompió el tapón que hacía el callejón, dejando una comunicación directa con el Parque de Santa Margarita y el Palacio de la Ópera.

La mayor parte del callejón quedó sepultada por grandes edificios y la calle Donantes de Sangre.

Queda a la izquierda unos restos del callejón que sigue conservando el nombre y parte del aspecto que tuvo aunque asfaltado y con todos los talleres cerrados. Pasé hace tres días todo era silencio y soledad.

 

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EN LA ACTUALIDAD

 

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DERRIVO FUNDICIÓN ORTIZ, 1972. FOTO: ALBERTO MARTÍ

 

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EDIFICIO CORTEFIEL

 

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BAJANDO HACIA JUAN FLÓREZ. A LA IZQUIERDA LA DESVIACIÓN HACIA CABO SANTIAGO GÓMEZ

 

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AL FONDO JUAN FLÓREZ. FOTO: CARLOS GALÁN

 

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LO QUE QUEDA DEL CALLEJÓN DEL LAGAR

 

 

 

 

 

 

LIBRO: “A CORUÑA DE PEDRO FERRER”

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Con motivo del Día del Padre recibo como regalo de mis hijas  el libro “A Coruña de Pedro Ferrer” obra de cuidadísima edición en gran tamaño editado por Xerais con muy interesantes textos de Carlos Díaz Martínez que contribuyen al conocimiento del trabajo del fotógrafo.

Pedro Ferrer es un referente en la fotografía coruñesa como lo son: Cancelo, Blanco, Alberto Martí, Vilar Martelo o Francisco Pillado. Parte de la historia del primer tercio del siglo pasado está en las fotografías de Ferrer,  siendo un recorrido por las gentes, fiestas, trabajos  y patrimonio de la ciudad.

Pedro Ferrer gallego de padre catalán nace en 1870 se mete en el negocio de su padre, calle Real,  que va evolucionando a través de los años desde imprenta, fotografía, hasta llegar a los fonógrafos y reproducciones musicales. Ferrer fue pionero en la industria discográfica gallega.

El libro a lo largo de cuatro apartados: Patrimonio histórico y monumental, Nuevo urbanismo y los trabajos, Fiestas y gentes, Patrimonio y gentes; desmenuza su obra. Libro interesantísimo para todos los amantes de la fotografía que recorremos las redes a la búsqueda del tiempo pasado. Forma un gran catálogo donde disfrutar en papel de lo que fue nuestra ciudad. No queda más remedio que hojearlo.

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PEDRO FERRER (1870- 1939). FUENTE: XERAIS

 

 

CASAL Y CASILDA

 

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COMIENZO DE LOS SESENTA. EXPLANADA DE RIAZOR. FOTO: BLANCO

La salida del colegio y la entrada por la tarde eran un hervidero de sensaciones sobre todo cuando llegaba la primavera y los primeros carritos de helados aparcaban delante del portalón, en la calle Betanzos, ante el colegio de los Hermanos Maristas. Al mismo tiempo que los heladeros, llegaban otros con variadas ofertas. La señora mayor con una cesta cubierta de mantelito blanco llena de cucuruchos de crujientes patatas recién fritas,  barquilleros con la ruleta, vendedores de chupachupas que iban allá arriba en la bola encima del mástil,  incrustados en diminutos agujeritos. Toda una tentación para quedarse parte de nuestra escasa economía a cambio de la fugaz alegría.

En aquella abundancia de personal el que se llevaba la mayor concurrencia era Casal. Ofrecía un poco de todo: Bazookas, regalices, chufas, pipas. Alrededor de su carrito se congregaban tres o cuatro filas de expectantes muchachos quedando prendados de la imaginación y verbo fácil de aquel hombre que contaba historias de cuando había recorrido el mundo con el circo Krone. Sus relatos no era todo, aquel hombre se acompañaba con una mona llamada Casilda que era la delicia de todos los niños. Sus cabriolas, hacer que sacaba piojos a su dueño era un espectáculo.

El hombre según decían vivía en una chabola de madera en la explanada de Riazor y los domingos a la hora del fútbol ponía a trabajar a su perro Chispita en una rampa encima de un avión que llevaba un petardo en la punta. Los forzudos jóvenes lanzaban al avión  y perro,  si el petardo estallaba al contacto con la diana que estaba al final del recorrido, recibían un premio por el esfuerzo demostrado.

Con el tiempo Casal desapareció de Riazor y del carrito viajero pasó a instalarse al lado del Instituto Femenino en la calle de Modesta Goicuría, y allí continuó dentro del kiosco con su mona varios años ofreciendo sus artículos a otros niños. Creo que ya no contaba tantas historias dentro del cuchitril  y la mona sujeta por una larga cadena ya no hacía cabriolas.

Pasaron más años, el kiosco desapareció y me lo encontré una mañana paseando por la rúa del Villar en Santiago. Estaba mayor y le faltaba la compañía de Casilda.

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ENTRE CERVEZAS Y TEATRO NEGRO

 

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Aspects of Alice en Ta-Fantastika (Praga)

No conocemos bien Praga si no hemos probado parte de sus deliciosas cervezas. Las hay de todo tipo,  desde las industriales a las artesanales. Para descubrirlas hay que ir a los abundantes locales de mesas en común animadas con el acordeón que se abre paso entre los parroquianos. La medida es a partir del medio litro.

Como acompañamiento echemos mano del pato, codillo, salchichas o carpa del Moldava y  el rábano picante, lombarda, chucrut, bolas de patata.  La  cocina poco variada, todo alrededor de dos o tres tipos de carne, tal vez no encontré los lugares adecuados. Hay pizzerías.

 Para cerrar la  jornada asisto a una representación del Teatro Negro en el coqueto teatro Fantastika, en la calle Karlova, no más de quinientas localidades y precioso ambigú, cerca del Reloj Astronómico. La representación es “Aspects of Alice” basada en la obra de Lewis Carroll.  Recuerdo una obra similar vista en A Coruña a la que fui con mis alumnos.

Es un rato para la fantasía donde los actores a base de juegos de luces, animaciones, títeres, música te sumergen en un mundo onírico con ausencia de la palabra. Al final los actores descubren parte del truco del espectáculo.  Interesante ver un estilo teatral donde nació y recordar de paso a uno de sus padres: Georges Méliès. Había un espectáculo, no tuve oportunidad de ir, sobre su película “Viaje a la luna” considerada la primera película de la historia del cine.

 

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Está anunciada en A Coruña una representación del Teatro Negro Nacional de Praga con “La flauta mágica” de Mozart para el día 17 de este mes en el Teatro Rosalía. Interesante espectáculo para ir con la familia.

GINGER Y FRED, LA CASA DANZANTE DE PRAGA

 

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FUENTE: UNIVERSAL ORG

PRAGA (CHEQUIA). Hay que reconocer que en Praga no todo es armonía en sus edificios. A veces se rompe y creo que para bien.  Cerca del puente Jiráskuv sobre el Moldava a diez minutos andado del puente Carlos nos encontramos con un singular edificio que cuando se construyó en 1992 generó gran polémica. Los vecinos no tenían claro que encajase entre edificaciones modernistas del barrio. Se edifica en un solar que había ocupado una casa  desaparecida en los bombardeos de la Segunda Guerra Mundial, encargándose  con total libertad de acción  al arquitecto Frank Dehry.

El resultado este edificio de estilo deconstructivista que juega con pilares curvos, torres de cristal, ventanales ondulados escapando de toda línea recta.  Recuerda una pareja bailando, Ginger Rogers y Fred Astaire, se ha convertido en un símbolo de la ciudad y lugar de recomendada visita donde disfrutar de bellas vistas alrededor del Moldava desde su terraza.

 

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ESTATUA DE FRANZ KAFKA EN EL JOSEFOV

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Retomo las entradas en este blog interrumpidas por un viaje a Praga con mi mujer y una pareja de buenos amigos.

PRAGA (CHEQUIA). Al poco rato de caminar por las tranquilas calles de Praga estás cautivado por la belleza de sus casas en armonía. Ninguna destaca sobre las otras en altura y desproporción. Compiten en los adornos de sus fachadas con diversidad de pinturas y relieves, en puertas y ventanas, en esquinas redondeadas o achaflanadas sin invadir el espacio con vértices agresivos. No existen edificios símbolos de la especulación urbanística. Ciudad fácil de andar, todo está cerca y se puede ir caminando. Al pasear por sus calles me acordaba de los promotores coruñeses de los sesenta y setenta y de los arquitectos y alcaldes colaboracionistas.

Siguiendo el plan de las guías turísticas me acerco al Barrio Judío (Josefov). La entrada la marca la estatua de Franz Kafka realizada por Jaroslav Josefov en 2003. Es una gran estatua de unos cuatro metros hecha en bronce siendo un desagravio del pueblo de Praga al olvido en que cayó el escritor en la época comunista. La estatua formada por un traje sin cuerpo encima del cual está el autor de “La Metamorfosis”. Las interpretaciones abiertas y variadas.

Al lado de la estatua la Sinagoga Española es un edificio que en su exterior no destaca especialmente pero tiene en su interior gran belleza. Se construye sobre otro templo anterior y acogió a los judíos expulsados por Isabel la Católica que se refugiaron en Praga. Nos recuerda a la Alhambra por su etilo mudéjar. Gran acústica que comprobamos en un concierto de cuerda del “Czech Collegium”. La sinagoga no se utiliza para el culto.

El primitivo barrio desaparece en el XIX construyéndose grandes avenidas y edificios art noveau.

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CONCIERTO DEL CZECH COLLEGIUM

 

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SINAGOGA ESPAÑOLA

 

10 COMERCIOS EN EL RECUERDO 10

Hoy toca recordar viejos comercios coruñeses que han ido cerrando a lo largo de los últimos años. Las fotos las he ido recogiendo en internet, en la gran mayoría de los casos me ha sido imposible conseguir quien ha sido el autor. Si alguien al visitar esta entrada sabe quién es el autor me gustaría que me mandase la información para añadirlo en el pie de foto.

 

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La imprenta Garcybarra estaba en la calle Real donde con el tiempo se puso Porvén. Cuenta Iglesias Martelo en su libro “La Calle Real Coruñesa” que en el número 66 de esa calle había un establecimiento en el año 1868 al frente del cual estaba Fortunato García Ybarra, dedicándose el establecimiento a la venta de objetos de fantasía y artículos de escritorio.

Ya el en 1902 se convierte en imprenta y cambia el nombre a Garcybarra. Editó revistas y diversos folletos alcanzando durante la primera mitad del pasado siglo fama en la ciudad.

Tengo un vago recuerdo que a la entrada había una descomunal báscula donde a veces mis padres me ponían para ver mi evolución. La compra de aleluyas y la reproducción de un cartel de cantar de ciego también creo recordar.

 

La Guerra de la Independencia fue el comienzo de este ultramarinos. Un antepasado francés del último dueño se quedó al finalizar la guerra  por estas tierras abriendo un establecimiento con el nombre de Dans. Ya en 1930 cambia la denominación al que tuvo hasta su cierre, “Aniceto Rodríguez”, en 2012.

Aniceto fue un referente de innovación. El servicio a domicilio, las espectaculares cestas navideñas con que sorprendía todos los años en su escaparate; cachuchas, lacones, chorizos al llegar el carnaval. Era el cuidado y la atención. La calidad de sus productos estaba garantizada. Fiambres selectos, arroces, garbanzos, alubias, todo tipo de conservas. Si no se encontraba algo en un ultramarinos o en los nuevos delicatesen abiertos, Aniceto siempre lo tenía.

En cierta ocasión un familiar me encargó que le comprase angostura, que necesitaba para deleitarnos con una nueva receta. Busqué en toda la ciudad sin encontrarla, me acerqué a Aniceto y ante la pregunta si tenían el producto buscado se me contestó: “¿cuántos quieres, dos, tres…?. Eso era Aniceto.

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Cuando de niño pasaba por la Estrecha de San Andrés al llegar a las inmediaciones de La Proveedora Gallega o Chocolates Pereiro aminoraba la marcha, quería disfrutar con tranquilidad el aroma que salía del establecimiento e iba impregnando la calle como una niebla fina. Era un lujo para las pituitarias, entrar era la culminación para seguir segregando jugos ayudados por la contemplación de la variedad de embalajes que escondían aquellos manjares y se mostraban en los anaqueles.

Se hacían los chocolates al fondo del establecimiento, nunca llegué allí. Cuando unos años después leí las historias de Willy Wonka me imaginé a un señor Wonka coruñés encerrado en este querido comercio de la Estrecha dedicado a utilizar la fórmula mágica en la elaboración del chocolate

Hace años que pasear por esta calle ha perdido ilusión, hasta los bellos murales han desaparecido quedando un triste recuerdo de una fachada estropeada que espera una recuperación. Cuando cerró, hace más de cinco años, se comentó que era por una rehabilitación del edificio. El tiempo va pasando y todo va a peor. ¡Qué pena!

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Llegar a Insua y Vizoso era empezar a oler el mar que la brisa marina extendía por Rubine en el camino hacia la playa. Eran también las expectativas de las victorias del Deportivo los domingos por la tarde camino de Riazor. Poco me fijaba en sus escaparates pero el edificio de una sola planta era un referente en la Plaza de Pontevedra. El material de construcción, los saneamientos… cambiaron  de local a mediados de los sesenta y a la apetecible esquina llegó el inmenso edificio que acogió en su bajo a uno de los primeros pelotazos al final del franquismo: Sofico. Hoy está la perfumería Arenal después de haber estado Cesar Blanco.

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Foto Blanco era lo más en la foto coruñesa. El reportaje de las bodas importantes tenía que hacerse ahí. Blanco y Cancelo eran los reporteros coruñeses de La Voz y del Ideal. Cancelo tenía un pequeñísimo establecimiento al final del Cantón Pequeño, Blanco llegó a tener media docena de establecimientos en la ciudad. Hoy las fotos de Blanco y su sucesor Alberto Martí nos recuerdan la historia de esta ciudad. Las de Cancelo de una gran belleza se conocen poco, desconozco donde podrán estar sus archivos.

 

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En Malde había clase, la fachada de aire británico emanaba distinción no en vano se anunciaban  como proveedores de la Casa Real y eso quedó para siempre. Tengo que confesar que nunca entré, ¿para qué iba yo a hacerlo?, me limitaba a contemplar el escaparate cuando ponían el Teresa Herrera. Toda una vida haciendo el diseño de un trofeo mítico. También le llegó la crisis y cierra después de llevar abierto desde 1898.

Con el recuerdo de este establecimiento tengo la imagen a mediados de los sesenta de un personaje coruñés llegando a su casa, que estaba muy cercana, montado a caballo que dejaba atado al lado del portal mientras comía.

 

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La Poesía, al comienzo de San Andrés, estuvo inalterable al paso del tiempo. Desde el año 22 hasta 2001 que cerró, según dicen los que lo conocieron desde un principio no experimentó cambio. Entré varias veces, pocas a comprar libros, mi visita iba en la búsqueda de recortables, calcomanías, objetos de broma en Carnaval, figuritas en Navidad, mapas mudos.  Era un referente en la ciudad, como un mojón que marcaba un lugar. Tenía atractivo, su olor impregnaba el ambiente, lo hacía diferente rodeando todo de magia. Al pasar ahora y verlo mudo, ha perdido hasta el letrero, cerrado te das cuenta del paso del tiempo.

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Mucho tiempo con la nariz pegada al escaparate del “Arca de Noé” pasé en mi infancia.  Era un auténtico batiburrillo de sensaciones desde las bicicletas a guitarras o bandurrias y tambores mezclados con vaqueros defendiendo el fuerte de los indios, al lado las cajas de madera de los Juegos Reunidos Geyper, por encima animales de goma, cochecitos, juegos de La Oca, Parchís, yoyós, combas, tabas… y abriéndose camino: ¡el tren eléctrico!

¡Cuánta ilusión contenida para la noche fantástica!

 

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Caminar por delante del Barato Mercantil te llenaba de dudas: saludar o echar a correr. Los maniquíes que permanecían estáticos en la puerta eran los que provocaban la indecisión. Igual que los maniquíes los escaparates eran inalterables al paso del tiempo. El comercio ofrecía monos y otras prendas de trabajo.

 

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Termino el paseo por el comercio coruñés desaparecido con un restaurante para hacer una celebración virtual: “Viuda de Alfredín”. Estaba en Riazor enfrente del campo de fútbol. Echó el candado a comienzos de los ochenta después de atender a la parroquia desde 1932. Las especialidades  con que Carmen Botana alegraba a sus clientes eran los callos, la tortilla de patata acompañada de lonchas de jamón, merluza a la romana y carne asada. Tenía una acogedora terraza donde en verano se disfrutaba a la sombra de la excelente comida. Sus hijos abrieron otros establecimientos con muy parecidos productos: Botanita y Casa Polo, hoy también cerrados.