ESTOY, PARA NADIE

“Pie de foto” imagen acompañada de pequeño texto sobre un recuerdo, proyecto; sugerencia o provocación
Calle Luchana

Alegres, luminosos los balcones. Fueron lugares para acodarse sobre la barandilla y ver pasar la gente, comunicarse con la vecina tomando la fresca en noches de verano, colgar banderas, pancartas contemplando el paso de procesiones, desfiles, protestas varias… hasta expansión del gato entre plantas recién regadas. Las funciones se han ido perdiendo dejándose de abrir  o cerrándolos con acristalamientos para ganar en espacio interior de la casa.

En la foto ejemplo de un balcón sin función negándose a recuperarla. Ni charlas con vecinos, ni banderas, ni gato…” ¡Qué bien queda el cabecero donde estaba el balcón!”

¿DÓNDE ESTÁN LAS MUJERES?

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Teatro Linares Rivas (después cine Avenida), A Coruña. Año: 1934. Foto: Blanco.

Corría el año 1934 cuando Blanco capta esta imagen a la salida de un mitin en el desaparecido Teatro Linares Rivas. Difícil encontrar una mujer. Pocos años llevaban con el derecho al voto y según se ve todavía la política no estaba en sus intereses o posibilidades. La sociedad no lo había asimilado.

La ausencia de mujeres  en la foto me acerca a Riazor, finales de los cincuenta,  cuando mi padre me llevaba al futbol. Las gradas llenas de hombres con puro humeante, oloroso y sombrero. Detrás de la localidad que ocupábamos se sentaban dos mujeres fumando tabaco rubio, Chester sin filtro, gritando cuando la ocasión lo requería. Eran las únicas de toda la grada de preferencia. El primer día que las vi repartí la atención entre el partido y miradas de reojo a mis alegres vecinas, eran los tiempos de Otero, Polo, los hermanos Mendoza a los que adoraban. Creo recordar que nos salvaron de un descenso.

“¿Papá y si un día viene mamá al fútbol?”, “no creo que quiera, cuándo inauguraron el estadio fuimos juntos a ver el partido, pero no volvió más”. “Mamá es más de cine o zarzuela”

De cine van los carteles de la foto “Violetas Imperiales” (1932) de Raquel Meller. La película corresponde a la versión sonora interpretada por la cupletista  que años antes había cautivado al personal coruñés en el Pabellón Lino. “Cultura señores, cultura no j… que hay señoras” era como se dirigía el mítico Lino a la concurrencia cuando se ponía nerviosa oyendo  “La pulga”.

MIRADAS

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Puerto de A Coruña. Año: 1963. Foto: Alberto Martí

Ante un fondo de barriles un grupo de gente espera. Esperan con tristeza,  la mirada caída, baja. Solo los más pequeños se dan cuenta de la presencia del fotógrafo  y  miran con seriedad, asombro.

Un hombre con sombrero y gabardina mira un cuadernillo, ¿pasaporte?, a su lado otro más joven espera con las manos en los bolsillos. ¿A qué espera? Todos los demás aguardan la decisión, el gesto, la palabra. “Todo bien, pase” o “No puede ser”. Todo silencio.

Esperanza rota o camino a la esperanza, al deseo de una nueva vida. Todo pendiente del último papel.

Aunque la decisión sea afirmativa, queda en la mirada la tristeza de la partida.

A finales de los sesenta renovando el carnet de identidad en la comisaria de A Coruña un hombre humilde iba delante de mí con las fotos en una tira, el funcionario le dice “hay que cortarlas”, “no tengo tijeras”. “¡Con los dientes!, ¡otro!”.  No me atreví a mirarle, mi mirada quedó fija en el mostrador. Todo silencio.

PALACE HOTEL

PALACE HOTEL, A Coruña. Años: 30. Fuente: A.R.G.

Cuánta información nos da esta postal de los años 30 del Palace Hotel y su entorno. Lo que hubo y lo desaparecido. Ha desparecido el edificio, el kiosco de flores, el tranvía, los coches de alquiler, los elegantes caballeros con sombrero, el milano del la cúpula del cercano hotel de la competencia… de la imagen de la postal solo ha quedado el Obelisco que creció un poco pero no lo suficiente para destacar sobre los nuevos edificios.

Edificio construido 1872 por Faustino Domínguez como vivienda particular “Casa Caruncho” abriéndose en principio en la planta baja una sastrería y en 1885 el café Oriental. En 1925 se añade una planta más

Publicita la postal  el confort, la situación  con vistas al mar, el restaurante, el café… El hotel abre al público en 1916 con el nombre de Palace Hotel que cambiaría en 1940 por decisión de las autoridades de la época al de Hotel Palas y allí descansaron Azaña, Ortega y Gasset, Lerroux…

Había un  restaurante “Ideal Room” en la entreplanta y las crónicas de la época comentan el lujo en cuberterías y vajillas. Todo desaparece 1967 cuando la piqueta arrasa con todo siendo alcalde de la ciudad Demetrio Salorio Suárez.

PASEANDO POR LA CALLE FERROL

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Calle Ferrol, A Coruña. Años: entre 1915 y 1925. Foto: Pedro Ferrer

Durante ocho años pasé por esta calle cuatro veces al día camino del colegio. Da para mucho, la conozco como el pasillo de mi casa. Con sol, lluvia, frío, calor… Anécdotas e historias del chalet de los cubanos: consulado, checa de la falange, intrigas amorosas, cerrada durante años y de nuevo residencia particular. Las oficinas de una distribuidora de películas donde a veces nos daban recortes que visionábamos con interés. Hasta fue calle con asesinato, allá por 1906, cuando en una huelga de la construcción acuchillaron al dueño de la fundición Ortiz.

La calle recibe el nombre en 1876, cuando el Ayuntamiento acuerda dedicar como un cariñoso homenaje a: Pontevedra, Lugo, Ourense, Vigo, Betanzos, Compostela y Ferrol plazas y calles en el ensanche.

La foto de Pedro Ferrer con que se encabeza esta entrada es preciosa. Está tomada desde el lugar que hoy ocupa el Palacio de Justicia  entre los años 1915 y 1920.

Modernismo y eclecticismo se unen en este frente perfectamente conservado. Casas soleadas abiertas a la luz, ejemplo del ensanche coruñés, que en gran medida aún podemos disfrutar en toda la zona.

A la derecha la Iglesia de Santa Lucía (1912) y a la izquierda el Chalet Escudero (1915) conocido en mi infancia como el de los cubanos.

En medio tres casas, las dos primeras de la derecha con los números 8 y 10 son del 1905 de  Julio Galán y Carbajal en estilo modernista. La última de Eduardo Rodríguez Losada ejemplo del eclecticismo.

Queda el solar en medio  que lo ocuparían los edificios construidos por Antonio Tenreiro y Pedro Mariño en 1932 de corte racionalista.

Disfrutemos de su buena conservación.

“HÉRCULES EN LA NAVE DE LOS ARGONAUTAS” DE GONZALO VIANA

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Hércules en la nave de los argonautas de Gonzalo Viana Zulaica, 1994. Parque Escultórico de la Torre, A Coruña. Foto: A.R.

Frente al mar, en ese museo acariciado por la brisa marina que es el Parque Escultórico de la Torre, muy cercano de los Menhires de Manolo Paz, del Monumento a los fusilados de Díaz Pardo y con el cementerio Moro, hoy Casa de las Palabras, al fondo, podemos contemplar la escultura en granito blanco “Hércules y la nave de los argonautas” de Gonzalo Viana.

Recuerdo lo emocionado que llegaste muy de mañana al patio del colegio de los hermanos maristas: “mi madre ha dicho si” El sí había sido a la compra de un perro, no a cualquier perro, era ni más ni menos que un dóberman,  creo que fue el primero que hubo en A Coruña.

Róger, su nombre, fue un compañero de juego. Era la ayuda del que pandaba para encontrar a los escondidos, el juego abarcaba el puerto y los jardines cercanos. Lo tenías en la caseta de Prácticos y allí mismo, sobre una mesa, le recortaron el rabo y las orejas.  

La aventura empezaba a trabajar en tu cabeza, en medio de un juego alrededor de la dársena, se te ocurrió saltar  dentro de un pesquero dando gritos de auténtico pirata. Salió del puente un hombre, antes que pudiéramos los demás seguir con el abordaje, te atizo tremendo tortazo que te tiró sobre la cubierta. Allí quedaron aparcados por unas horas tus deseos de mares lejanos.

En los Puentes  disfrutábamos con eternos partidos de fútbol o con las escopetas de aire comprimido disparando sobre torres de botes y botellas. Nunca lo hicimos a ratas, ranas o pájaros.

Vivías enfrente del colegio, con frecuencia al asomarnos a la ventana veíamos a los hermanos pasear por el patio. Un día alguien propuso disparar con la escopeta de aire comprimido sobre la diana blanca en forma de babero que llevaban sobre su negra sotana. Nos reprimimos. A cambio buscamos en la revista “Más” fotos de los hermanos y confeccionamos una diana. Al que no tenía foto tu mismo dibujabas una caricatura que la sustituía.

En el centro de la diana pusimos al más siniestro, quedaba bien con sus gafas oscuras que ocultaban su perversa mirada. Nos pasamos media tarde disparando  balines y flechas de pluma. Del siniestro solo quedó un profundo hueco hecho en el corcho.

Al día siguiente mientras el hermano siniestro explicaba las oraciones subordinadas, empezaste a decirme que veías su cara llena de trocitos de corcho.

No pude contener la risa. “Por qué se ríe?” Silencio. Cómo iba a revelar el motivo de mi risa? Uno, dos tres… tortazos. En mi imaginación empezaron a aparecer sobre el babero blanco de fondo negro uno, dos, tres agujeritos de donde salía un hilo de líquido rojo que resbalaba por su superficie. Tú te levantaste diciendo “de los trocitos de corcho”, “y de los agujeritos rojos” añadí yo. Es un juego! Perdón hermano!

Los recuerdos se empujan y vienen en cascada: Los partidos de la tele que veíamos en tu casa en el flamante Zenith en blanco y negro con la merienda que nos preparaba tu madre; las visitas que me hacías en aquel agosto que tuve que permanecer de reposo y las interminables partidas de ajedrez.

Descubrí a Kipling en un libro que me dejaste “El libro de las tierras vírgenes” disfrutando con: Mowgli y su lucha contra Shere Khan.

La enfermedad pasó y volvimos a indagar entre las rocas de Riazor, la vuelta alrededor del Castillo de San Antón, el contorno de la Torre de Hércules…

Mi marcha del colegio hizo que nos fuéramos distanciando, tú fuiste a Náutica y yo emprendí otros caminos.  Cuando nos encontrábamos al regreso de tus viajes en la marina mercante, tus estancias  en Venezuela, Brasil o tu asentamiento  en Ons me hablabas de tus aventuras, proyectos; de tus pinturas y esculturas  acodados en la barra del Enrique o la Nueva Patata.

Hoy, después de muchos años, parado ante tu barca de piedra te imagino navegando cubierto con el vellocino de oro  en compañía de los argonautas por mares remotos. Siempre buscando… tu pasión.

Qué gran persona y mejor amigo fuiste.

BOCELO: “El PERIODISTA CERCANO”

“Pie de foto” imagen acompañada de pequeño texto sobre un recuerdo, proyecto; sugerencia o provocación.

Presentación de “Camarote de lujo” en el Teatro Colón, A Coruña. Año: 1957. Fuente: El boletín coruñés

La foto corresponde a la presentación de la película de Rafael Gil “Camarote de Lujo” (1957) en el Teatro Colón sobre una adaptación de la novela de Wenceslao Fernández Flórez “Luz de luna”,  rodada en A Coruña con exteriores en el puerto y en la vieja Estación del Norte.

En la foto reconozco a Wenceslao Fernández Flórez, el alcalde Molina,  Antonio Casal, María Mahor y a Pedro de Llano,Bocelo, director de La Voz de Galicia. Primer hombre por la izquierda en segunda fila.

Los recuerdos se traen unos a otros entremezclándose y, con la imagen de Bocelo me viene su columna de “Sol a Sol” en La Voz.

Era una columna que leía en mis primeros tiempos de devorador de periódicos, lectura amena y fácil, hablaba de todo con una palabra que aproximaba los intereses y preocupaciones al lector. Había ironía, humor. Recuerdo a mi padre comentar  “este Bocelo”, se refería a ese decir, sugerir, meter una crítica indirecta a lo que había en aquellos tiempos de censura.

Emilio Rey, presidente del consejo de administración, lo quería como director pero el ministerio de Información no veía bien que un “rojo” dirigiera el periódico. Al final lo consigue y en 1952 lo puede nombrar director.

Desavenencias surgidas a comienzo de los sesenta con la nueva gerencia del periódico al abandonarla Emilio Rey hace que deje el periódico ingresando en el Ideal Gallego.

Y a El Ideal Gallego, el periódico de la iglesia,  llega un aire fresco. Estamos en 1968. Poco dura, ve que no es apoyado por la editora y decide marcharse a finales de 1971. Termina su vida profesional  en El Progreso. En El Ideal deja a grandes periodistas:  Pontón, Arce, Luis Pita, Gaciño…

Lo que da una foto. Ahí queda el recuerdo de un periodista popular en la ciudad, próximo a las preocupaciones y necesidades.  Cuántas veces se oía decir hay que hablar con Bocelo, y él estaba allí acogedor y cercano.

Más información http://boceloperiodista.com/