SANTA MARÍA DE LA PISCINA Y SU NECRÓPOLIS

 

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SAN VICENTE DE LA SONSIERRA (LA RIOJA). En mi cita anual en San Vicente de la Sonsierra visito este año la ermita de Santa María de la Piscina y su necrópolis. Antes he disfrutado del Museo Vivanco de la Cultura del Vino en Briones donde de la mano de la amiga Lourdes hicimos un interesante recorrido. En sus salas está todo lo relacionado con el vino. Paseamos por su historia desde los orígenes a la actualidad; la recolección, elaboración; los tipos de suelos, variedades de uvas, enfermedades y plagas que atacan a la uva; el trabajo de la vendimia, las prensas, las barricas; los corchos y sacacorchos, las botellas; hasta finalizar en un sala dedicada al arte donde hay obras de Juan Gris, Sorolla, Miró y Picasso. Todo apoyado con cuidados audiovisuales que van desmenuzando con detalle este interesante mundo. Para ver con tranquilidad.

Toma el relevo Javi, encaminándonos entre viñedos hacia Santa María de la Piscina que está a tres kilómetros. Nos saluda desde la colina sobre el Ebro, sola, desafiando con su belleza y sencillez románica del siglo XII, bien proporcionada y muy bien conservada. Javi empieza a desmenuzar la información: ábside semicircular con ventanal, arquivoltas de la portada meridional donde destaca el escudo con los emblemas de la Divisa del siglo XVI, las decoraciones en las ventanas con sus arcos ajedrezados y capiteles vegetales, las figuras abrazadas de las cornisas del alero… pasando al recogimiento de su interior con escasa ornamentación donde resalta el ábside de horno.

Y queda para completar la interesante jornada, acercarse a la ciudad de los muertos o necrópolis al lado de la iglesia, compuesta por numerosas tumbas labradas en la roca, alguna de mediados del siglo X.
Recomiendo acercarse. Yo volveré.

 

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VILLAESCUSA DEL BUTRÓN: EL PASO DEL TIEMPO

 

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TORRE DE LA IGLESIA

VILLAESCUSA DEL BUTRÓN  (BURGOS). Durante estas vacaciones en Dobro (Burgos) he hecho, una vez más, una pequeña caminata de unos cinco kilómetros a Villaescusa en los límites del Parque Natural del Alto Ebro. Salgo desde el camino que parte de la carretera de Porquera hacia el sur. Desde el comienzo se ve, entre una neblina, el campanario de la iglesia de Villaescusa en lo alto de una loma.
Caminar tranquilo, alternándose el paisaje entre páramos, pequeños valles y frondosos bosques de robles, hayas y acebos. Evoluciones, en un cielo azulísimo sin nubes, de rapaces que quedan de vez en cuando estáticas para preparar la mortal caída sobre su presa, buitres que planean buscando sustento también hacen su aparición.
El camino después de una cuesta pronunciada acaba en amplia explanada con taberna al fondo. Todo es silencio. Apoyado en una columna de madera a la entrada de la taberna un joven y a su lado sentada con las piernas en una banqueta una mujer. Los conozco de otras ocasiones, madre e hijo que llevan el bar del pueblo. Ofrecen bebidas y unos huevos con torreznos excelentes.
La primera intención es refrescarme con una cerveza antes de visitar el pueblo. Me sirven una ¡Estrella! Echo en falta a Esteban, simpático y cantarín hombre que solía estar en otras visitas. Comentan que la cabeza le está gastando malas pasadas, se está yendo a las sombras del olvido en una residencia. Qué pena, hace dos años disfruté de su alegría y simpatía. Pago, disculpándome, con un billete de cincuenta. El hijo dice que no hay problema, se dirige a la madre que sigue sentada en su silla, rebuscando en el refajo va sacando billetes hasta completar la vuelta.
El pueblo sigue vacio. Los veraneantes han acudido a la semana grande de Bilbao y no volverán hasta pasadas las fiestas. No veré a nadie durante mi estancia en él.
Villaescusa llegó a tener más de trescientos habitantes en 1900, en los años setenta quedó vacío a causa de la emigración al País Vasco. Poco a poco se ha iniciado una pequeña recuperación, la rehabilitación de alguna casa lo demuestra llegando a los doce vecinos, en verano más.
Paseo entre las callejuelas destacando varias casas con portadas en arco de medio punto que deja el recuerdo de su hidalguía. Era pueblo de arrieros que transportaban sus mercancías por el camino del pescado entre Bilbao y Burgos.
En lo más alto del pueblo se encuentra la iglesia de San Torcuato, de origen románico del siglo Xll que fue evolucionando con reformas y añadidos a lo largo de su historia. En estado ruinoso, no puedo acceder a su interior al estar cerrada con unas tablas y candado.
E inicio la bajada a la explanada en busca del camino de regreso, recordando que mi abuelo estuvo de maestro en este lugar hace casi cien años. Me despido de lejos de los taberneros que siguen en la misma posición. A no más de cincuenta metros del pueblo distingo entre los rastrojos de una finca una orejas puntiagudas y una cabecita con unos ojos que me observan con completa tranquilidad, un zorro que ha salido en busca de la cena.

 

 

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AL FONDO DOBRO. FOTOS: A.R.

 

ERMITA DE SAN PEDRO DE TEJADA

PUENTEARENAS (BURGOS). Una forma interesante de llegar a San Pedro de Tejada es hacer una caminata desde el páramo, ermita de la Hoz, bajando por la Calzada Romana o Ruta del Pescado. Degustar, si estamos en época, unas cerezas o ciruelas en el Almiñé, ver la iglesia de San Nicolás de Bari y continuar hacia Puentearenas, darnos un baño en el Ebro y acabar en la ermita.

Este agosto hice el recorrido. Al llegar a la ermita fui recibido por una verja que protege el lugar impidiendo acercarse. Un cartel da información de cómo hacer la visita pero antes de terminar su lectura se apareció una mujer ofreciéndose a acompañarnos previo pago de dos euros. Pagué, éramos cinco, no recibimos justificante y comenzamos la visita con advertencias de no sacar fotos en el interior y la prohibición de acceder a la torre. Desde la puerta, en contraluz estático, da una explicación a manera de faena de aliño. Preguntada por los propietarios, es privada, no se recibe respuesta. Punto final.

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Esta ermita románica se comienza a construir a finales del siglo XII. Con anterioridad había habido un cenobio en el siglo IX. Destaca el color rojizo de la piedra. La esbeltez, la puerta pequeña, su torre de base cuadrada y los variados relieves de la decoración.

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En la parte izquierda de la portada imágenes de los apóstoles y el detalle de la última cena en que San Juan apoya la cabeza en Jesucristo, mientras éste ofrece comida a Judas.

 

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En la portada a la derecha se puede ver la imagen de un león con un hombre. Los mal pensados ven falsamente, de lejos, otra cosa. Los canecillos con decoraciones con temática de animales fabulosos y eróticos completan un bello conjunto.

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Torre cuadrada con dos partes, la primera con arcos ciegos. La segunda donde están las campanas dos ventanas con bellas columnas que las dividen. Una torrecilla cilíndrica da acceso a la torre teniendo la entrada en el interior del templo.

En el interior, como dije, la guardesa-guía no me permitió hacer fotos. Lo siento.

 

SAN ANDRÉS DE ESCANDUSO

 

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Escanduso (Burgos). Saliendo de Villarcayo (Burgos) en dirección a Puentedey recorridos unos cinco kilómetros nos encontramos a la salida de una curva a la izquierda una pequeña iglesia que da un toque de atención haciéndonos detener la marcha.

Es una  iglesia de apariencia románica. Singular por su tamaño, por su diminuto campanario, por sus desproporcionados contrafuertes, por su entada lateral, por su ausencia de decoración. Tiene algo que te atrae, que hace fijarse en su humildad plantada en plena cuneta.

Indagando un poco me entero que hace unos años estaba en ruinas y que el trabajo de unos vecinos hizo que no desapareciera convirtiéndose en ese guiño simpático que hace al viajero. Enhorabuena a todos ellos por su trabajo, por ese pequeño homenaje a lo sencillo y a la unión de un pueblo para luchar por conservar lo suyo.

No encontré a nadie que me pudiera facilitar una visita a su interior. Queda para otra ocasión.

 

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Antes de la restauración. Foto: Baruk y Pallaferro