DETALLES EN LA CIUDAD II

“Detalles en la ciudad” Paseando por la ciudad con la vista baja, o alta, a derecha, o izquierda van apareciendo como setas en otoño diversas imágenes que nos hacen un guiño, nos provocan con un “aquí estoy”. Dónde está?
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PALACE HOTEL

PALACE HOTEL, A Coruña. Años: 30. Fuente: A.R.G.

Cuánta información nos da esta postal de los años 30 del Palace Hotel y su entorno. Lo que hubo y lo desaparecido. Ha desparecido el edificio, el kiosco de flores, el tranvía, los coches de alquiler, los elegantes caballeros con sombrero, el milano del la cúpula del cercano hotel de la competencia… de la imagen de la postal solo ha quedado el Obelisco que creció un poco pero no lo suficiente para destacar sobre los nuevos edificios.

Edificio construido 1872 por Faustino Domínguez como vivienda particular “Casa Caruncho” abriéndose en principio en la planta baja una sastrería y en 1885 el café Oriental. En 1925 se añade una planta más

Publicita la postal  el confort, la situación  con vistas al mar, el restaurante, el café… El hotel abre al público en 1916 con el nombre de Palace Hotel que cambiaría en 1940 por decisión de las autoridades de la época al de Hotel Palas y allí descansaron Azaña, Ortega y Gasset, Lerroux…

Había un  restaurante “Ideal Room” en la entreplanta y las crónicas de la época comentan el lujo en cuberterías y vajillas. Todo desaparece 1967 cuando la piqueta arrasa con todo siendo alcalde de la ciudad Demetrio Salorio Suárez.

PASEANDO POR LA CALLE FERROL

“Pie de foto” imagen acompañada de pequeño texto sobre un recuerdo, proyecto; sugerencia o provocación.
Calle Ferrol, A Coruña. Años: entre 1915 y 1925. Foto: Pedro Ferrer

Durante ocho años pasé por esta calle cuatro veces al día camino del colegio. Da para mucho, la conozco como el pasillo de mi casa. Con sol, lluvia, frío, calor… Anécdotas e historias del chalet de los cubanos: consulado, checa de la falange, intrigas amorosas, cerrada durante años y de nuevo residencia particular. Las oficinas de una distribuidora de películas donde a veces nos daban recortes que visionábamos con interés. Hasta fue calle con asesinato, allá por 1906, cuando en una huelga de la construcción acuchillaron al dueño de la fundición Ortiz.

La calle recibe el nombre en 1876, cuando el Ayuntamiento acuerda dedicar como un cariñoso homenaje a: Pontevedra, Lugo, Ourense, Vigo, Betanzos, Compostela y Ferrol plazas y calles en el ensanche.

La foto de Pedro Ferrer con que se encabeza esta entrada es preciosa. Está tomada desde el lugar que hoy ocupa el Palacio de Justicia  entre los años 1915 y 1920.

Modernismo y eclecticismo se unen en este frente perfectamente conservado. Casas soleadas abiertas a la luz, ejemplo del ensanche coruñés, que en gran medida aún podemos disfrutar en toda la zona.

A la derecha la Iglesia de Santa Lucía (1912) y a la izquierda el Chalet Escudero (1915) conocido en mi infancia como el de los cubanos.

En medio tres casas, las dos primeras de la derecha con los números 8 y 10 son del 1905 de  Julio Galán y Carbajal en estilo modernista. La última de Eduardo Rodríguez Losada ejemplo del eclecticismo.

Queda el solar en medio  que lo ocuparían los edificios construidos por Antonio Tenreiro y Pedro Mariño en 1932 de corte racionalista.

Disfrutemos de su buena conservación.

“HÉRCULES EN LA NAVE DE LOS ARGONAUTAS” DE GONZALO VIANA

“Pie de foto” imagen acompañada de pequeño texto sobre un recuerdo, proyecto; sugerencia o provocación.

Hércules en la nave de los argonautas de Gonzalo Viana Zulaica, 1994. Parque Escultórico de la Torre, A Coruña. Foto: A.R.

Frente al mar, en ese museo acariciado por la brisa marina que es el Parque Escultórico de la Torre, muy cercano de los Menhires de Manolo Paz, del Monumento a los fusilados de Díaz Pardo y con el cementerio Moro, hoy Casa de las Palabras, al fondo, podemos contemplar la escultura en granito blanco “Hércules y la nave de los argonautas” de Gonzalo Viana.

Recuerdo lo emocionado que llegaste muy de mañana al patio del colegio de los hermanos maristas: “mi madre ha dicho si” El sí había sido a la compra de un perro, no a cualquier perro, era ni más ni menos que un dóberman,  creo que fue el primero que hubo en A Coruña.

Róger, su nombre, fue un compañero de juego. Era la ayuda del que pandaba para encontrar a los escondidos, el juego abarcaba el puerto y los jardines cercanos. Lo tenías en la caseta de Prácticos y allí mismo, sobre una mesa, le recortaron el rabo y las orejas.  

La aventura empezaba a trabajar en tu cabeza, en medio de un juego alrededor de la dársena, se te ocurrió saltar  dentro de un pesquero dando gritos de auténtico pirata. Salió del puente un hombre, antes que pudiéramos los demás seguir con el abordaje, te atizo tremendo tortazo que te tiró sobre la cubierta. Allí quedaron aparcados por unas horas tus deseos de mares lejanos.

En los Puentes  disfrutábamos con eternos partidos de fútbol o con las escopetas de aire comprimido disparando sobre torres de botes y botellas. Nunca lo hicimos a ratas, ranas o pájaros.

Vivías enfrente del colegio, con frecuencia al asomarnos a la ventana veíamos a los hermanos pasear por el patio. Un día alguien propuso disparar con la escopeta de aire comprimido sobre la diana blanca en forma de babero que llevaban sobre su negra sotana. Nos reprimimos. A cambio buscamos en la revista “Más” fotos de los hermanos y confeccionamos una diana. Al que no tenía foto tu mismo dibujabas una caricatura que la sustituía.

En el centro de la diana pusimos al más siniestro, quedaba bien con sus gafas oscuras que ocultaban su perversa mirada. Nos pasamos media tarde disparando  balines y flechas de pluma. Del siniestro solo quedó un profundo hueco hecho en el corcho.

Al día siguiente mientras el hermano siniestro explicaba las oraciones subordinadas, empezaste a decirme que veías su cara llena de trocitos de corcho.

No pude contener la risa. “Por qué se ríe?” Silencio. Cómo iba a revelar el motivo de mi risa? Uno, dos tres… tortazos. En mi imaginación empezaron a aparecer sobre el babero blanco de fondo negro uno, dos, tres agujeritos de donde salía un hilo de líquido rojo que resbalaba por su superficie. Tú te levantaste diciendo “de los trocitos de corcho”, “y de los agujeritos rojos” añadí yo. Es un juego! Perdón hermano!

Los recuerdos se empujan y vienen en cascada: Los partidos de la tele que veíamos en tu casa en el flamante Zenith en blanco y negro con la merienda que nos preparaba tu madre; las visitas que me hacías en aquel agosto que tuve que permanecer de reposo y las interminables partidas de ajedrez.

Descubrí a Kipling en un libro que me dejaste “El libro de las tierras vírgenes” disfrutando con: Mowgli y su lucha contra Shere Khan.

La enfermedad pasó y volvimos a indagar entre las rocas de Riazor, la vuelta alrededor del Castillo de San Antón, el contorno de la Torre de Hércules…

Mi marcha del colegio hizo que nos fuéramos distanciando, tú fuiste a Náutica y yo emprendí otros caminos.  Cuando nos encontrábamos al regreso de tus viajes en la marina mercante, tus estancias  en Venezuela, Brasil o tu asentamiento  en Ons me hablabas de tus aventuras, proyectos; de tus pinturas y esculturas  acodados en la barra del Enrique o la Nueva Patata.

Hoy, después de muchos años, parado ante tu barca de piedra te imagino navegando cubierto con el vellocino de oro  en compañía de los argonautas por mares remotos. Siempre buscando… tu pasión.

Qué gran persona y mejor amigo fuiste.