DESFILADERO DE LOS HOCINOS (GR-99)

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VALDENOCEDA (BURGOS). El Camino del Ebro (GR-99) discurre desde el nacimiento del río en Fontibre hasta su desembocadura a través de más de 1200 kilómetros. El Desfiladero de los Hocinos está en la Ruta 7 que va de Manzanedo a Puente Arenas.
La jornada comienza en el Puente del Aire en Valdenoceda. Todo el recorrido por el desfiladero ida y vuelta unos seis kilómetros.
El caminar tranquilo sin dificultad anima a fijarse en la flora compuesta por chopos y tejos. Cuando los árboles lo permiten podemos disfrutar de buitres muy abundantes en la zona que evolucionan buscando sustento.
A la mitad del recorrido el camino se angosta tanto que se han construido unas pasarelas para salvar el desnivel pudiendo seguir la ruta sin dificultad. La visión del rio desde la altura de las pasarelas es espectacular. Como lo es a lo largo de la caminata disfrutar de los recortes del desfiladero que van apareciendo entre la vegetación.
Queda para otra ocasión hacer toda la Ruta 7.

 

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VILLAESCUSA DEL BUTRÓN: EL PASO DEL TIEMPO

 

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TORRE DE LA IGLESIA

VILLAESCUSA DEL BUTRÓN  (BURGOS). Durante estas vacaciones en Dobro (Burgos) he hecho, una vez más, una pequeña caminata de unos cinco kilómetros a Villaescusa en los límites del Parque Natural del Alto Ebro. Salgo desde el camino que parte de la carretera de Porquera hacia el sur. Desde el comienzo se ve, entre una neblina, el campanario de la iglesia de Villaescusa en lo alto de una loma.
Caminar tranquilo, alternándose el paisaje entre páramos, pequeños valles y frondosos bosques de robles, hayas y acebos. Evoluciones, en un cielo azulísimo sin nubes, de rapaces que quedan de vez en cuando estáticas para preparar la mortal caída sobre su presa, buitres que planean buscando sustento también hacen su aparición.
El camino después de una cuesta pronunciada acaba en amplia explanada con taberna al fondo. Todo es silencio. Apoyado en una columna de madera a la entrada de la taberna un joven y a su lado sentada con las piernas en una banqueta una mujer. Los conozco de otras ocasiones, madre e hijo que llevan el bar del pueblo. Ofrecen bebidas y unos huevos con torreznos excelentes.
La primera intención es refrescarme con una cerveza antes de visitar el pueblo. Me sirven una ¡Estrella! Echo en falta a Esteban, simpático y cantarín hombre que solía estar en otras visitas. Comentan que la cabeza le está gastando malas pasadas, se está yendo a las sombras del olvido en una residencia. Qué pena, hace dos años disfruté de su alegría y simpatía. Pago, disculpándome, con un billete de cincuenta. El hijo dice que no hay problema, se dirige a la madre que sigue sentada en su silla, rebuscando en el refajo va sacando billetes hasta completar la vuelta.
El pueblo sigue vacio. Los veraneantes han acudido a la semana grande de Bilbao y no volverán hasta pasadas las fiestas. No veré a nadie durante mi estancia en él.
Villaescusa llegó a tener más de trescientos habitantes en 1900, en los años setenta quedó vacío a causa de la emigración al País Vasco. Poco a poco se ha iniciado una pequeña recuperación, la rehabilitación de alguna casa lo demuestra llegando a los doce vecinos, en verano más.
Paseo entre las callejuelas destacando varias casas con portadas en arco de medio punto que deja el recuerdo de su hidalguía. Era pueblo de arrieros que transportaban sus mercancías por el camino del pescado entre Bilbao y Burgos.
En lo más alto del pueblo se encuentra la iglesia de San Torcuato, de origen románico del siglo Xll que fue evolucionando con reformas y añadidos a lo largo de su historia. En estado ruinoso, no puedo acceder a su interior al estar cerrada con unas tablas y candado.
E inicio la bajada a la explanada en busca del camino de regreso, recordando que mi abuelo estuvo de maestro en este lugar hace casi cien años. Me despido de lejos de los taberneros que siguen en la misma posición. A no más de cincuenta metros del pueblo distingo entre los rastrojos de una finca una orejas puntiagudas y una cabecita con unos ojos que me observan con completa tranquilidad, un zorro que ha salido en busca de la cena.

 

 

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AL FONDO DOBRO. FOTOS: A.R.

 

LOS NARCISOS CAMINO DE LA BALSA

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DOBRO (BURGOS). Esta fotografía está tomada en la Ruta de los Sentidos (Puente Arenas-Tudanca), Burgos (GR 85), en el Parque Natural de las Hoces del Alto Ebro. A unos cuatrocientos metros del pueblo de Dobro y camino de La Balsa, nos encontramos si pasamos alrededor de la primera luna llena de primavera, con un tapiz amarillo de considerable tamaño, formado por  bellos  y alegres  narcisos. Salen entre helechos y aliagas en una suave ladera, al pie de hayas, orientada  al norte frente a Peña Alta.

Continuando el fácil camino, al despuntar el día o al atardecer lo más probable es encontrarnos con corzos que pastan tranquilamente; llegamos a una balsa artificial construida para el riego a comienzos de los ochenta. Este lugar de niño lo conocíamos como Sundelagua y estaba formado por una serie de pozas comunicadas que se nutrían del agua del deshielo. Había allí abundantes cangrejos ibéricos; muchas tardes, en compañía de un querido tío, pasé  allí dedicado a su pesca.

El ir a pescar los cangrejos era todo un ritual. Esperar que el sol empezase a declinar, preparar los reteles, buscar el cebo apropiado… la merienda no podía faltar. El lugar adecuado donde poner los reteles era fundamental para tener una buena pesca, si no acertábamos con la elección había que cambiarlos de lugar y  esperar sentados contando historias y echándonos unas risas. Qué alegría al sacar los reteles y contar los que venían: seis, siete, ocho…los gordos al cesto y los canijos al agua para que creciesen, “de aquí no marchan hay que dejar que engorden” decía mi tío.

Hoy en La Balsa, del cangrejo solo queda el recuerdo, ha sido sustituido por una especie de carpas invasoras que algún esforzado pescador utiliza para pasar el tiempo. Cuando paseo alrededor de La Balsa veo a los pescadores con cara triste, no sonríen. Les falta lo que yo tuve hace ya muchos años: ¡Los cangrejos!

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PESQUERA DE EBRO: SUS PUERTAS Y VENTANAS

DSCN2085.JPGPESQUERA DE EBRO (BURGOS). A Pesquera podemos llegar desde Los Altos por el puerto de la Eme. Buen comienzo para las sensaciones a disfrutar tomando como base este bonito pueblo del Valle de Sedano.

Las rutas son variadas en extensión y dificultad, las hay para todos. La ruta de los Cañones del Ebro que nos lleva a Valdelateja pasando por Cortiguera colonizado por los hippies después de su abandono allá por los ochenta. El Pozo Azul, descenso en balsa de rafting, Orbaneja. Todo ello rodeado de gran belleza en un relieve calizo: hoces, cañones y desfiladeros que los ríos Ebro y Rudrón han esculpido a lo largo de los años. Los recorridos siempre acompañados de buitres y alimoches.

Después de una caminata disfrutar de los detalles de las callejuelas de Pesquera con sus portales y ventanas será un relajo al cuerpo y al espíritu. Dejo estas fotos como un pequeño ejemplo.

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