SIN PALABRAS 3

 

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CAPILLA DEL BUEN SUCESO A LA DERECHA. AL FONDO ORDEN TERCERA Y A LA IZQUIERDA MURALLA DEL JARDÍN DE SAN CARLOS, A CORUÑA. 1927. FUENTE: ARQUIVO DO REINO DE GALICIA

 

 

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EN LA ACTUALIDAD. FOTO:A.R.

 

 

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EL PARROTE: CARCEL REAL

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La  cárcel está en funcionamiento desde 1760 hasta 1929. Se construye al mismo tiempo que el Palacio de Capitanía, teniendo muchos problemas de financiación se recurre al impuesto sobre la sal y cuando se termina se establece un arbitrio sobre el vino. Aún así el arquitecto no cobra hasta ocho años más tarde.

Dicen las crónicas que podía haber hasta trescientos prisioneros entre hombres y mujeres. Había varias estancias: dos enfermerías, salas para presos distinguidos, Sala de Tormentos, la correspondiente capilla donde los que iban a ser ajusticiados aguardaban dos días. La ejecución se realizaba en la Praza da Forca, hoy Campo da Leña.

Javier Alvajar cuenta en “La Coruña de mi niñez”: “El primer recuerdo que me causó una gran y por qué no decirlo, desagradable impresión, fueron los soldados que hacían guardia en el puente que, atravesando la calle, iba desde la Cárcel Vieja a la Audiencia, que , en aquel tiempo, estaba en el ala derecha de la Capitanía General.

Además, en la parte de atrás de la Cárcel, había cuatro ventanas con unas enormes rejas de hierro que en las mareas altas quedaban sumergidas, lo que nos hacía pensar, en nuestra imaginación infantil, que los presos debían pasarlo muy mal. Esa debía de ser también la opinión de las autoridades, que no se atrevían a meter a los presos políticos en semejante sitio. En efecto en aquellos tiempos a los presos políticos los encerraban en el Castillo de San Antón”

Durante su funcionamiento convivían en la ciudad otras cárceles más pequeñas como la que había en la calle de Herrerías que estuvo en funcionamiento desde comienzos del siglos XV hasta finales del XIX, la cárcel de mujeres, en la calle de La Galera, de ahí su nombre, cerca del callejón de Canuto Berea que se cierra también a finales del XIX, el convento de San Francisco del 1834 al 1879, el castillo de San Antón, para políticos y militares.

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Las condiciones llegaron a ser tan denigrantes  que se tira en 1929 y se pasa a usar la nueva enfrente de la Torre de Hércules, otras vistas al mar.

El solar no es utilizado hasta 1941 cuando un joven nadador coruñés, Armando Casteleiro, consigue que el Ayuntamiento le de permiso para construir una piscina en su lugar, la primera en toda la ciudad, naciendo La Solana. “Siempre pensé que el Sr. Casteleiro se había hecho con este solar por los servicios prestados al “glorioso movimiento”. Dice Alvajar en su publicación ya citada.

Se junta en este proyecto con Aureliano Ruenes, un hombre hecho a sí mismo que hoy llamaríamos emprendedor. Emigrante con doce años a Argentina vuelve a Galicia y reinvierte en numerosas empresas entre las que están Almacenes de coloniales, Chocolate Expréss, distribución de medicamentos hasta llegar a ser presidente del Deportivo en dos ocasiones y Santiago Rey Pedreira, arquitecto municipal entre 1930 y 1954, que hace el proyecto del Hotel Finisterre. También construye el mercado de San Agustín, Estadio de Riazor, edificio Torres y Saez, Torre Coruña y el Palacio de los deportes.

En la sociedad se mete el Banco Pastor y se construye, en 1948, el Hotel Finisterre y ya en 1965 desaparece la playa del Parrote rellenándose con las nuevas instalaciones de La Solana. La transformación de espacio público en una explotación privada está concluida.

 

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DEMOLICION DE LA CARCEL 1929

 

 

 

 

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1929

 

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1942

 

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1964

 

ESTADO ACTUAL

 

Las fotos antiguas han sido descargadas de: Coruña onte e hoxe.

 

 

 

 

 

LAVADERO DEL PARROTE

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LAVADERO DEL PARROTE. 1910. FOTO FERRER

Las autoridades coruñesas de la época, año 1866, vigilando por la salud de los ciudadanos deciden suprimir los lavaderos de las fuentes de Neptuno y de la Fama ya que las epidemias de tifus abundaban echando la culpa al agua apozada de estos lugares.

Se construye primero el del Caramanchón en el lugar que hoy ocupa el colegio Eusebio da Guarda. Tirándose poco después para construir el colegio y el lavadero pasa al Orzán, calle Cordelería.

 

El de la foto estaba en el Parrote al lado de Capitanía y adosado al Jardín de san Carlos, se construye en 1893. Daba servicio a la Ciudad Alta. Se abastecía de la fuente de la plaza de Azcárraga (de la Harina).

Las mujeres ejercían el duro trabajo echando un tiempo a la comunicación, al intercambio de novedades entre frotado y aclarado. Las expresiones “los trapos sucios se lavan en casa”, “hay ropa tendida” algo tendrían que ver y desde luego el decir: “lo sé  de buena fuente” demostraba una información veraz.

Cuando en agosto de 1929 vieron sobre sus cabezas el Graf Zeppelín (foto) más de una quedó muda y ese día la información dio un giro yendo del lavadero a casa.

Todo fue desapareciendo, se tira en 1948, la llegada del agua a la mayoría de las casas hizo que los lavaderos fueran quedando en desuso y los de siempre arramplaron tirando con todo ya que a sus entendederas no les cabía el uso que podía dársele. Otra pérdida para este entorno.

 

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AÑO 1929

 

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EN LA ACTUALIDAD

 

 

EL PARROTE: LA CASA GÓTICA

 

El paseo por el Parrote ha sido siempre de un caminar tranquilo, sosegado. La zona en los último años ha cambiado mucho. Hoy da la apariencia de estar más abierto al mar, a la luz. La realidad es que el mar está más alejado, se ha transformado en una espléndida postal, en un espacio  diáfano que albergará instalaciones hoteleras.

Lejos queda la playa que fue sepultada por La Solana o el varadero que había al comienzo donde hacían pequeñas reparaciones de barcos. Las tardes de los jueves, en mi niñez, acercarse a esta zona era un descubrimiento de todo tipo de sensaciones: el sonido de las sierras, el olor de la brea y las pinturas, la sal en los labios que traía la brisa, la visión de las barcas que se dedicaban a la almeja, llenaba todo y lo hacía característico. Hasta los cañones en el sitio donde están hoy, pero más cerca del mar, daban la sensación de estar preparados para la defensa de un ataque enemigo. Presidiendo todo el Castillo de San Antón, unido a tierra ya por un pequeño pasillo que era el final del paseo.

Mientras paseaba, mi padre me contaba que había habido un lavadero pegado a la muralla o que el hotel Finisterre  se había construido sobre una cárcel, que Carlos V había salido por una puerta que allí estaba, que un inglés estaba enterrado en el jardín de San Carlos, que el Castillo había sido prisión. Casi siempre nos encontrábamos con Luis, un amigo de mi padre que era torrero de la Torre de Hércules, que añadía emocionantes historias de sus vigías en noches de tempestad. Todo era una lección en aquellas tardes sin clase. ¡Cuánto se aprendía fuera de las aulas!

De lo que no recuerdo haber oído es del edificio de la fotografía que encabeza esta entrada. Su descubrimiento me ha emocionado, mil gracias a Cancelo y Blanco.

La Casa Gótica estaba situada haciendo esquina entre el Paseo de la Dársena y la calle del Parrote. Era el último edificio civil de la edad media que quedaba en la ciudad, derribado en 1936. Se construyó a finales del siglo XV, pertenecía a los condes de Maceda y tuvo varios usos. Desde residencia a asilo de las Hermanitas de la Caridad. El Ayuntamiento de la ciudad en principio, quería rehabilitarlo para dedicarlo a Museo de Bellas Artes, pero fue incapaz de adquirirlo. En las fotos podemos ver que el estado era un poco de abandono: ventanas cegadas, puertas tapiadas. Pedían una restauración. Su derribo fue uno de los mayores atentados urbanísticos de la ciudad. Dejo más abajo fotografía del edificio actual. Cuando pasemos delante, recemos por el alma de los responsables.

 

 

 

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