“HÉRCULES EN LA NAVE DE LOS ARGONAUTAS” DE GONZALO VIANA

“Pie de foto” imagen acompañada de pequeño texto sobre un recuerdo, proyecto; sugerencia o provocación.

Hércules en la nave de los argonautas de Gonzalo Viana Zulaica, 1994. Parque Escultórico de la Torre, A Coruña. Foto: A.R.

Frente al mar, en ese museo acariciado por la brisa marina que es el Parque Escultórico de la Torre, muy cercano de los Menhires de Manolo Paz, del Monumento a los fusilados de Díaz Pardo y con el cementerio Moro, hoy Casa de las Palabras, al fondo, podemos contemplar la escultura en granito blanco “Hércules y la nave de los argonautas” de Gonzalo Viana.

Recuerdo lo emocionado que llegaste muy de mañana al patio del colegio de los hermanos maristas: “mi madre ha dicho si” El sí había sido a la compra de un perro, no a cualquier perro, era ni más ni menos que un dóberman,  creo que fue el primero que hubo en A Coruña.

Róger, su nombre, fue un compañero de juego. Era la ayuda del que pandaba para encontrar a los escondidos, el juego abarcaba el puerto y los jardines cercanos. Lo tenías en la caseta de Prácticos y allí mismo, sobre una mesa, le recortaron el rabo y las orejas.  

La aventura empezaba a trabajar en tu cabeza, en medio de un juego alrededor de la dársena, se te ocurrió saltar  dentro de un pesquero dando gritos de auténtico pirata. Salió del puente un hombre, antes que pudiéramos los demás seguir con el abordaje, te atizo tremendo tortazo que te tiró sobre la cubierta. Allí quedaron aparcados por unas horas tus deseos de mares lejanos.

En los Puentes  disfrutábamos con eternos partidos de fútbol o con las escopetas de aire comprimido disparando sobre torres de botes y botellas. Nunca lo hicimos a ratas, ranas o pájaros.

Vivías enfrente del colegio, con frecuencia al asomarnos a la ventana veíamos a los hermanos pasear por el patio. Un día alguien propuso disparar con la escopeta de aire comprimido sobre la diana blanca en forma de babero que llevaban sobre su negra sotana. Nos reprimimos. A cambio buscamos en la revista “Más” fotos de los hermanos y confeccionamos una diana. Al que no tenía foto tu mismo dibujabas una caricatura que la sustituía.

En el centro de la diana pusimos al más siniestro, quedaba bien con sus gafas oscuras que ocultaban su perversa mirada. Nos pasamos media tarde disparando  balines y flechas de pluma. Del siniestro solo quedó un profundo hueco hecho en el corcho.

Al día siguiente mientras el hermano siniestro explicaba las oraciones subordinadas, empezaste a decirme que veías su cara llena de trocitos de corcho.

No pude contener la risa. “Por qué se ríe?” Silencio. Cómo iba a revelar el motivo de mi risa? Uno, dos tres… tortazos. En mi imaginación empezaron a aparecer sobre el babero blanco de fondo negro uno, dos, tres agujeritos de donde salía un hilo de líquido rojo que resbalaba por su superficie. Tú te levantaste diciendo “de los trocitos de corcho”, “y de los agujeritos rojos” añadí yo. Es un juego! Perdón hermano!

Los recuerdos se empujan y vienen en cascada: Los partidos de la tele que veíamos en tu casa en el flamante Zenith en blanco y negro con la merienda que nos preparaba tu madre; las visitas que me hacías en aquel agosto que tuve que permanecer de reposo y las interminables partidas de ajedrez.

Descubrí a Kipling en un libro que me dejaste “El libro de las tierras vírgenes” disfrutando con: Mowgli y su lucha contra Shere Khan.

La enfermedad pasó y volvimos a indagar entre las rocas de Riazor, la vuelta alrededor del Castillo de San Antón, el contorno de la Torre de Hércules…

Mi marcha del colegio hizo que nos fuéramos distanciando, tú fuiste a Náutica y yo emprendí otros caminos.  Cuando nos encontrábamos al regreso de tus viajes en la marina mercante, tus estancias  en Venezuela, Brasil o tu asentamiento  en Ons me hablabas de tus aventuras, proyectos; de tus pinturas y esculturas  acodados en la barra del Enrique o la Nueva Patata.

Hoy, después de muchos años, parado ante tu barca de piedra te imagino navegando cubierto con el vellocino de oro  en compañía de los argonautas por mares remotos. Siempre buscando… tu pasión.

Qué gran persona y mejor amigo fuiste.

RUBINE: “LA CALLE DEL CHOCOLATERO”

Bonita panorámica de 1930, Al fondo a la izquierda la Compañía de María y más al centro el terreno donde se construiría en estadio de Riazor. Fuente: La Esfera.

El Ayuntamiento decide en 1885 dedicar el nombre de la calle hasta entonces conocida por Riazor a Fernando Rubine y Firpo.

Don Fernando Rubine había nacido en 1812. Hombre emprendedor tiene que abandonar la idea de emigrar a América por cuestiones familiares. Sus ansias emprendedoras las realiza en su ciudad en multitud de empresas. Desde la Fábrica de cristales,  muebles, ferretería y una importante fábrica de chocolates de nombre “La Española” que estuvo considerada como de las mejores de España y Cuba. También fue presidente de la Diputación.

En mi infancia, Rubine era la calle de la alegría cuando me encaminaba a la playa, y de decepción en los regresos de los partidos del Dépor. A finales de los sesenta fue convirtiéndose en la calle de la diversión y el placer con sus cafeterías: Manhattan, Tiffanys, Belmar… y discotecas Diana, Don Q. Se la conocía popularmente por Rubine Street ganando fama de zona de trasiegos no confesables, aunque muchos trasiegos yo no vi.

Año: 1959. Fuente: Moncho González Cotelo

Pasaba por ella el tranvía 3 con su alegre campana cargado de viajeros subvencionados en los topes hasta comienzo de los sesenta. El cambio comenzaba.

La evolución de la calle en los años sesenta fue grande. La piqueta fue derribando desde colegios, periódicos, Casas de baños… todo lo que se puso a tiro fue transformándose en una evolución sin parada.

“La Salud” fue la casa de baños que más resistió al paso del tiempo, habiendo sido inaugurada en 1870. Recuerdo un kiosco a la entrada donde se vendían las entradas para las instalaciones.

El anuncio da información clara de lo que se ofrecía en aquellas instalaciones.

Corría el año 1908 cuando un suceso tiñó este establecimiento y la ciudad por la tragedia vivida.

El teniente Morales tenía relaciones con Teresa Juega poetisa y familiar de los dueños de la otra casa de baños de la zona “La Primitiva”. Una mañana leyendo la prensa se entera que su novia va a publicar un libro de poemas “Alma que llora”. Al teniente no le gustaban las aficiones literarias de Teresa cosa que le tenía prohibido. Encolerizado, sale de su casa y dirigiéndose a “La Primitiva” dispara varias veces a Teresa, se dirige a la playa e intenta suicidarse. Herido es llevado a la “La Salud” donde muere.

Teresa cura de las heridas, se casa poco después y continúa con sus aficiones literarias, teniendo una larga vida. Muere en 1979 con más de noventa años.

Unos años antes, 1963, “La Salud” desaparece y sobre el solar se eleva el edificio “Siso”, su constructor, que proyecta su gran sombra sobre la playa sepultando los baños simples y compuestos, sulfuros sódicos y cloruros sulfurosos, duchas variadas, baños de algas… triunfando los intereses particulares sobre lo público.

En Rubine 10 estuvo entre 1931 y 1959 El Ideal Gallego, fundado por el padre Toubes con instalaciones anteriores en el Cantón Grande.  Cuando cerró en Rubine mudó su sede a la cercana calle de Francisco Mariño.

Para darnos una idea de la tranquilidad de la calle me viene a la memoria una anécdota en la que era protagonista mi querido Don José Sardina, cofundador del Hogar de Santa Margarita. Allá por  los cuarenta cuando el padre Sardina iba por las mañanas desde su domicilio en la plaza de María Pita al Hogar, el tranvía que le llevaba aminoraba su marcha al pasar delante de la sede del periódico y un empleado le entregaba en mano las noticias fresquitas.

Comienzo de Rubine. Año: 1954. Fuente: Miguel Guti

Fue también calle con colegio, las terciarias tuvieron sus instalaciones hasta mediados de los setenta cuando como otros colegios fueron abandonando el centro en busca de instalaciones nuevas adaptadas a los nuevos tiempos mientras que en las viejas se elevaban al cielo altos edificios.

El colegio de las terciarias que estuvo entre la Casa de Baños y El Ideal Gallego había tenido su origen en el  “Asilo de Nuestra Señora de Nazaret” a finales del siglo XIX. Se  dedicaban a la atención de los niños de las cigarreras y las jóvenes del servicio doméstico. En 1930 cambia su orientación a la enseñanza con la que continúan en la actualidad.

Fuente: Charlie Crespo Go

Para ir terminando el recorrido de esta calle no me puedo olvidar del espléndido cine Riazor que inaugurado en 1965 con la película “El Mundo está loco, loco, loco” trajo a A Coruña una gran sala de 1500 butacas cómodas y una proyección y sonido perfecto con todos los adelantos del momento. Muchas fueron las tardes que disfruté en sus instalaciones hasta que en 1998 se cierra.

Poco a poco. Piquetazo va y viene la calle fue cambiando, adaptándose a intereses particulares, ganando altitud y sombras para una calle que hoy aparece como de paso pero sin referencias en la ciudad.

Vendedor de botijos en Rubine. Año: 1959. Foto: Blanco

Refresquemos un poco.

CUATRO BISTECS Y DOS PUSKAS!


“Pie de foto” imagen acompañada de pequeño texto sobre un recuerdo, proyecto; sugerencia o provocación.
PABLO GALLO. “A nova pataca”. Acrílico sobre lienzo. 60×60. 2007.

De esta imagen del cuadro de Pablo Gallo en la realidad ya no queda nada.  La piqueta se llevó, por mandato municipal, el entrañable lugar que  según parece era un tapón urbanístico. De la vieja “Nova pataca” solo está el recuerdo.

Lo conocíamos por “el bistec”, una taberna incrustada en el rinconcillo de la calle Huertas donde, desde principios de los cincuenta Manolo ofrecía para acompañar al vino o cerveza una tapa de finas patatas con un trocito de bistec atravesada por un palillo.

Lugar de parada diaria ya fuera al mediodía o a la tarde. Nos reuníamos lo más variopinto de la ciudad. Empleados de banca, funcionarios, el barrendero de la zona y grupos de desarrapados, con barbas y largas melenas, formados por poetas, pintores, fotógrafos, cineastas… y aspirantes a maestros que haciendo un alto en el trabajo unos y en el deambular otros nos metíamos en aquel lugar tranquilo y acogedor. Un día Manolo tuvo a bien ampliar su oferta y añadió a las finas patatas y a su eterno palillo un trozo de salchicha bautizándolo como Puskas, no en vano el gran futbolistas tenía una fábrica de salchichas.

Manolo y su mujer cumplieron años y después de mucho trabajo dejaron el negocio a la juventud. Jose, el nuevo dueño siguió ofreciendo lo mismo y los parroquianos seguimos acudiendo con algún refuerzo añadido por eso de la renovación generacional.

Hasta la pintura de Dávila en las paredes siguió desafiante cada día con un poco más de grasa pero firme.  Acompañando  al viejo mural se fue colgando la obra de jóvenes pintores como Gallo, Branda… que aportaba al local un nuevo estilo artístico.

La piqueta se llevó “el bistec” y Jose tuvo que cambiar de aires encaminando sus pasos a la cuesta del Matadero dejando en el camino de mudanza los queridos bistecs y las deliciosas puskas.

Ahí queda el cuadro de Pablo Gallo como recuerdo de un lugar donde disfrutamos de compañía y animada charla acodados en mesas y toneles frente a un plato de bistec, patatas y palillo.

La Semana Santa que se acerca me trae a la memoria aquel Viernes Santo a finales de los sesenta en que el bueno de Baixeras pidió como siempre “dos bistecs”, Manolo dijo “hoy no hay, es abstinencia”, “¡Pues, pon dos Puskas!”

El cuadro de la foto se expuso en la exposición “Demasiada calma en la ciudad” en el Club Financiero Atlántico de A Coruña en el año 2007.

HUELLAS DEL BOMBARDEO DESDE EL PARROTE


“Pie de foto” imagen acompañada de pequeño texto sobre un recuerdo, proyecto; sugerencia o provocación.

La casa de la foto es la del  “indiano” Benito Agar que en 1779 la construye en la calle Real 1, continuación por lo que hoy es calle Agar y Marina.

Apreciamos en el vértice derecho del frontón sobre una ventana el deterioro ocasionado el 20 de julio de 1936 cuando el Gobierno Civil fue bombardeado desde el Parrote. En aquellos tiempos el Gobierno Civil compartía sede con el teatro Rosalía.

El bombardeo iniciado la tarde del 20 de julio por una batería de artillería duró apenas unas horas. Durante el bombardeo muere el cabo Santiago Gómez al explotarle un proyectil.

En la sede del gobierno civil se habían atrincherado el gobernador civil Pérez Carballo con unos guardias de asalto y algún voluntario intentando defender el poder establecido frente a los golpistas. A media tarde se rinden siendo detenidos y llevados a la cárcel de la torre. Cuatro días después fue fusilado en el Campo da rata.

Su mujer, Juana Capdevielle, también es detenida y aparece su cuerpo, en una cuneta de la N-VI, en las cercanías de Rábade a mediados de agosto. Estaba embarazada.

En esa muesca de la fachada  mirando a la Marina queda el triste recuerdo de una tragedia.

EL VIEJO GAS

“Pie de foto” imagen acompañada de pequeño texto sobre un recuerdo, proyecto; sugerencia o provocación.
Tapa del Gas en la calle de Juan Flórez

Al callejear con la mirada baja por la ciudad podemos ir descubriendo el paso del tiempo en calzadas y aceras. Las diversas tapas y alcantarillas son un reclamo para viajar en el tiempo. Empresas de telefonía, electricidad, aguas, saneamiento, semáforos con el añadido de los nombres de las fundiciones y año en que las fabricaron van apareciendo en el tranquilo caminar.

Hoy me he encontrado con una distinta que conecta con un olor de mi infancia. La tapa pone simplemente Gas, nada parecido a las pequeñitas que hay por toda la ciudad de Gas Natural.

Sería a mediados de los cincuenta cuando haciendo las tareas escolares en la mesa de la cocina, a última hora de la tarde, llegaba un repugnante olor animándome a dejar el trabajo y a acudir a quejarme a mi madre: “con ese olor no puedo estudiar’’.” Es el gas de Celina que está haciendo la cena” contestaba mi madre. ‘Voy a hacerla yo, ya es hora”. El olor pestilente que subía de casa de la vecina marcaba la cena de mi familia. Pronto la cocina se llenaba con el alegre batido de los huevos para hacer la tortilla francesa, y el chisporroteo del freír meigas, fanecas o los ricos peones según el día que hacía olvidar el desagradable olor. Nunca se me ocurrió poner, al día siguiente en clase, como disculpa de no haber terminado las tareas al mal olor de la vecina.

Con este olor me viene la imagen de la inmensa y humeante chimenea de la Fábrica del Gas enfrente del colegio de los Salesianos en la calle del Socorro. Aquel conjunto me daba miedo apareciéndose a mi imaginación infantil como una representación del temido infierno. Había sido construida en los terrenos de una antigua plaza de toros de madera allá por 1854 y derribada en 1957.

La tapa de la foto está en la calle de Juan Flórez, hay otra en San Andrés. Me “huele’’ que son restos de la antigua canalización.

CALLE FERNANDO GONZÁLEZ Y ALGO MÁS

Calle Fernando González, A Coruña. Año: 1932. Fuente: A.R.G.

Corría el año 1900 cuando el Ayuntamiento dedica la calle conocida hasta entonces como Séptima transversal del ensanche a Fernando González. Este hombre emigrante a Cuba muy de niño, retorna en 1876 convirtiéndose en un gran constructor que contribuye a impulsar el Ensanche.

El edificio del Fénix, en Plaza de Mina, se debe a él. Se le llamó en un principio edificio Fernándón, así era conocido popularmente Fernando González debido a su inmensa fortuna.

Desde el año 1932, año de la foto, hasta comienzo de los sesenta la calle apenas tuvo cambio.

Bajando desde Juan Flórez a la derecha haciendo esquina estaba el inmenso chalet de los Fariña. La piqueta pudo con él, construyéndose la conocida torre Fisac que fue muy polémica por problemas de alturas.

Mis recuerdos de este chalet me traen los comentarios en casa de la muerte del hijo de los dueños, de rabia, ocasionada por la mordedura del perro de la familia.

A la izquierda estaba Louzao que había ocupado el bajo de Dodge y al lado las oficinas en que saqué mi primer DNI y el eterno Colegio Notarial con su majestuosa cúpula.

Esto era la calle, pero la foto nos cuenta un poco más. Vemos el chalet de don Gaspar Araujo haciendo esquina con Pardo Bazán con la historia de que este médico había ayudado al famoso Foucellas a curar sus heridas cuando se hirió fortuitamente con su arma, yéndose a recuperar en una casa de Monelos después de estar ingresado en un sanatorio coruñés. El guerrillero antifranquista sería poco después, 1952, condenado a muerte y ejecutado en la cárcel coruñesa.

Al fondo se eleva el desaparecido edificio donde estuvo el ultramarinos la Estrella lugar de  vinos, cañas y esparadrapos  acompañados con unos deliciosos fritos de bacalao. Creo recordar que se le llamaba popularmente  el “Segundo Juzgado”. Parte de los parroquianos, al estar enfrente el Palacio de Justicia, lo componían jueces, abogados y funcionarios. Supongo que alguna conciliación tramarían acodados en la barra.

Al fondo chalet Fariña. Año: 1930
En la actualidad

¡La Noche, ha salido La Noche!


“Pie de foto” es una imagen acompañada de un pequeño texto sobre un recuerdo, proyecto; sugerencia o provocación.
Mustafá, A Coruña. Años: 60. Foto: Alberto Martí

Tengo fijada la imagen de este hombre, finales de los cincuenta, alrededor del Obelisco voceando la salida  de La Noche. Todos los días sobre las ocho de la tarde se oía su voz pregonando el nombre del periódico junto con el de alguna noticia invitando a los transeúntes a comprar el periódico.

 La Noche fue un periódico vespertino editado en Santiago por Editorial Compostelana. Se publicó entre 1946 y 1967. De tendencia progresista y gallegista. Tuvo como colaboradores a:  Antón Fraguas, Alvaro  Cunqueiro, Vicente Risco, Méndez Ferrín, Bouza Rey entre otros.

Mustafá había llegado a España para luchar con el ejército de Franco quedándose al terminar la guerra.

Además de prensa era sobre todo vendedor ambulante de lotería. Su radio de acción comprendía el Obelisco, Rúa Nueva y calle de los vinos. Hasta los años ochenta era frecuente encontrarlo voceando: ¡La suerte, la suerte!, ¡El que toca, el que toca! Difícilmente se le entendía, de aspecto desaliñado con su eterna gabardina que debió ser blanca. En los últimos años su andar se hizo renqueante pero seguía caminando ofreciendo ilusión.

A su muerte en 1986 dejó cerca de 37 millones de pesetas que heredó el Estado. Una vida de penurias, no debió gastar nunca nada. La herencia al Estado, el producto de cincuenta años de mucho caminar y vocear.