“HÉRCULES EN LA NAVE DE LOS ARGONAUTAS” DE GONZALO VIANA

“Pie de foto” imagen acompañada de pequeño texto sobre un recuerdo, proyecto; sugerencia o provocación.

Hércules en la nave de los argonautas de Gonzalo Viana Zulaica, 1994. Parque Escultórico de la Torre, A Coruña. Foto: A.R.

Frente al mar, en ese museo acariciado por la brisa marina que es el Parque Escultórico de la Torre, muy cercano de los Menhires de Manolo Paz, del Monumento a los fusilados de Díaz Pardo y con el cementerio Moro, hoy Casa de las Palabras, al fondo, podemos contemplar la escultura en granito blanco “Hércules y la nave de los argonautas” de Gonzalo Viana.

Recuerdo lo emocionado que llegaste muy de mañana al patio del colegio de los hermanos maristas: “mi madre ha dicho si” El sí había sido a la compra de un perro, no a cualquier perro, era ni más ni menos que un dóberman,  creo que fue el primero que hubo en A Coruña.

Róger, su nombre, fue un compañero de juego. Era la ayuda del que pandaba para encontrar a los escondidos, el juego abarcaba el puerto y los jardines cercanos. Lo tenías en la caseta de Prácticos y allí mismo, sobre una mesa, le recortaron el rabo y las orejas.  

La aventura empezaba a trabajar en tu cabeza, en medio de un juego alrededor de la dársena, se te ocurrió saltar  dentro de un pesquero dando gritos de auténtico pirata. Salió del puente un hombre, antes que pudiéramos los demás seguir con el abordaje, te atizo tremendo tortazo que te tiró sobre la cubierta. Allí quedaron aparcados por unas horas tus deseos de mares lejanos.

En los Puentes  disfrutábamos con eternos partidos de fútbol o con las escopetas de aire comprimido disparando sobre torres de botes y botellas. Nunca lo hicimos a ratas, ranas o pájaros.

Vivías enfrente del colegio, con frecuencia al asomarnos a la ventana veíamos a los hermanos pasear por el patio. Un día alguien propuso disparar con la escopeta de aire comprimido sobre la diana blanca en forma de babero que llevaban sobre su negra sotana. Nos reprimimos. A cambio buscamos en la revista “Más” fotos de los hermanos y confeccionamos una diana. Al que no tenía foto tu mismo dibujabas una caricatura que la sustituía.

En el centro de la diana pusimos al más siniestro, quedaba bien con sus gafas oscuras que ocultaban su perversa mirada. Nos pasamos media tarde disparando  balines y flechas de pluma. Del siniestro solo quedó un profundo hueco hecho en el corcho.

Al día siguiente mientras el hermano siniestro explicaba las oraciones subordinadas, empezaste a decirme que veías su cara llena de trocitos de corcho.

No pude contener la risa. “Por qué se ríe?” Silencio. Cómo iba a revelar el motivo de mi risa? Uno, dos tres… tortazos. En mi imaginación empezaron a aparecer sobre el babero blanco de fondo negro uno, dos, tres agujeritos de donde salía un hilo de líquido rojo que resbalaba por su superficie. Tú te levantaste diciendo “de los trocitos de corcho”, “y de los agujeritos rojos” añadí yo. Es un juego! Perdón hermano!

Los recuerdos se empujan y vienen en cascada: Los partidos de la tele que veíamos en tu casa en el flamante Zenith en blanco y negro con la merienda que nos preparaba tu madre; las visitas que me hacías en aquel agosto que tuve que permanecer de reposo y las interminables partidas de ajedrez.

Descubrí a Kipling en un libro que me dejaste “El libro de las tierras vírgenes” disfrutando con: Mowgli y su lucha contra Shere Khan.

La enfermedad pasó y volvimos a indagar entre las rocas de Riazor, la vuelta alrededor del Castillo de San Antón, el contorno de la Torre de Hércules…

Mi marcha del colegio hizo que nos fuéramos distanciando, tú fuiste a Náutica y yo emprendí otros caminos.  Cuando nos encontrábamos al regreso de tus viajes en la marina mercante, tus estancias  en Venezuela, Brasil o tu asentamiento  en Ons me hablabas de tus aventuras, proyectos; de tus pinturas y esculturas  acodados en la barra del Enrique o la Nueva Patata.

Hoy, después de muchos años, parado ante tu barca de piedra te imagino navegando cubierto con el vellocino de oro  en compañía de los argonautas por mares remotos. Siempre buscando… tu pasión.

Qué gran persona y mejor amigo fuiste.

RUBINE: “LA CALLE DEL CHOCOLATERO”

Bonita panorámica de 1930, Al fondo a la izquierda la Compañía de María y más al centro el terreno donde se construiría en estadio de Riazor. Fuente: La Esfera.

El Ayuntamiento decide en 1885 dedicar el nombre de la calle hasta entonces conocida por Riazor a Fernando Rubine y Firpo.

Don Fernando Rubine había nacido en 1812. Hombre emprendedor tiene que abandonar la idea de emigrar a América por cuestiones familiares. Sus ansias emprendedoras las realiza en su ciudad en multitud de empresas. Desde la Fábrica de cristales,  muebles, ferretería y una importante fábrica de chocolates de nombre “La Española” que estuvo considerada como de las mejores de España y Cuba. También fue presidente de la Diputación.

En mi infancia, Rubine era la calle de la alegría cuando me encaminaba a la playa, y de decepción en los regresos de los partidos del Dépor. A finales de los sesenta fue convirtiéndose en la calle de la diversión y el placer con sus cafeterías: Manhattan, Tiffanys, Belmar… y discotecas Diana, Don Q. Se la conocía popularmente por Rubine Street ganando fama de zona de trasiegos no confesables, aunque muchos trasiegos yo no vi.

Año: 1959. Fuente: Moncho González Cotelo

Pasaba por ella el tranvía 3 con su alegre campana cargado de viajeros subvencionados en los topes hasta comienzo de los sesenta. El cambio comenzaba.

La evolución de la calle en los años sesenta fue grande. La piqueta fue derribando desde colegios, periódicos, Casas de baños… todo lo que se puso a tiro fue transformándose en una evolución sin parada.

“La Salud” fue la casa de baños que más resistió al paso del tiempo, habiendo sido inaugurada en 1870. Recuerdo un kiosco a la entrada donde se vendían las entradas para las instalaciones.

El anuncio da información clara de lo que se ofrecía en aquellas instalaciones.

Corría el año 1908 cuando un suceso tiñó este establecimiento y la ciudad por la tragedia vivida.

El teniente Morales tenía relaciones con Teresa Juega poetisa y familiar de los dueños de la otra casa de baños de la zona “La Primitiva”. Una mañana leyendo la prensa se entera que su novia va a publicar un libro de poemas “Alma que llora”. Al teniente no le gustaban las aficiones literarias de Teresa cosa que le tenía prohibido. Encolerizado, sale de su casa y dirigiéndose a “La Primitiva” dispara varias veces a Teresa, se dirige a la playa e intenta suicidarse. Herido es llevado a la “La Salud” donde muere.

Teresa cura de las heridas, se casa poco después y continúa con sus aficiones literarias, teniendo una larga vida. Muere en 1979 con más de noventa años.

Unos años antes, 1963, “La Salud” desaparece y sobre el solar se eleva el edificio “Siso”, su constructor, que proyecta su gran sombra sobre la playa sepultando los baños simples y compuestos, sulfuros sódicos y cloruros sulfurosos, duchas variadas, baños de algas… triunfando los intereses particulares sobre lo público.

En Rubine 10 estuvo entre 1931 y 1959 El Ideal Gallego, fundado por el padre Toubes con instalaciones anteriores en el Cantón Grande.  Cuando cerró en Rubine mudó su sede a la cercana calle de Francisco Mariño.

Para darnos una idea de la tranquilidad de la calle me viene a la memoria una anécdota en la que era protagonista mi querido Don José Sardina, cofundador del Hogar de Santa Margarita. Allá por  los cuarenta cuando el padre Sardina iba por las mañanas desde su domicilio en la plaza de María Pita al Hogar, el tranvía que le llevaba aminoraba su marcha al pasar delante de la sede del periódico y un empleado le entregaba en mano las noticias fresquitas.

Comienzo de Rubine. Año: 1954. Fuente: Miguel Guti

Fue también calle con colegio, las terciarias tuvieron sus instalaciones hasta mediados de los setenta cuando como otros colegios fueron abandonando el centro en busca de instalaciones nuevas adaptadas a los nuevos tiempos mientras que en las viejas se elevaban al cielo altos edificios.

El colegio de las terciarias que estuvo entre la Casa de Baños y El Ideal Gallego había tenido su origen en el  “Asilo de Nuestra Señora de Nazaret” a finales del siglo XIX. Se  dedicaban a la atención de los niños de las cigarreras y las jóvenes del servicio doméstico. En 1930 cambia su orientación a la enseñanza con la que continúan en la actualidad.

Fuente: Charlie Crespo Go

Para ir terminando el recorrido de esta calle no me puedo olvidar del espléndido cine Riazor que inaugurado en 1965 con la película “El Mundo está loco, loco, loco” trajo a A Coruña una gran sala de 1500 butacas cómodas y una proyección y sonido perfecto con todos los adelantos del momento. Muchas fueron las tardes que disfruté en sus instalaciones hasta que en 1998 se cierra.

Poco a poco. Piquetazo va y viene la calle fue cambiando, adaptándose a intereses particulares, ganando altitud y sombras para una calle que hoy aparece como de paso pero sin referencias en la ciudad.

Vendedor de botijos en Rubine. Año: 1959. Foto: Blanco

Refresquemos un poco.

CUATRO BISTECS Y DOS PUSKAS!


“Pie de foto” imagen acompañada de pequeño texto sobre un recuerdo, proyecto; sugerencia o provocación.
PABLO GALLO. “A nova pataca”. Acrílico sobre lienzo. 60×60. 2007.

De esta imagen del cuadro de Pablo Gallo en la realidad ya no queda nada.  La piqueta se llevó, por mandato municipal, el entrañable lugar que  según parece era un tapón urbanístico. De la vieja “Nova pataca” solo está el recuerdo.

Lo conocíamos por “el bistec”, una taberna incrustada en el rinconcillo de la calle Huertas donde, desde principios de los cincuenta Manolo ofrecía para acompañar al vino o cerveza una tapa de finas patatas con un trocito de bistec atravesada por un palillo.

Lugar de parada diaria ya fuera al mediodía o a la tarde. Nos reuníamos lo más variopinto de la ciudad. Empleados de banca, funcionarios, el barrendero de la zona y grupos de desarrapados, con barbas y largas melenas, formados por poetas, pintores, fotógrafos, cineastas… y aspirantes a maestros que haciendo un alto en el trabajo unos y en el deambular otros nos metíamos en aquel lugar tranquilo y acogedor. Un día Manolo tuvo a bien ampliar su oferta y añadió a las finas patatas y a su eterno palillo un trozo de salchicha bautizándolo como Puskas, no en vano el gran futbolistas tenía una fábrica de salchichas.

Manolo y su mujer cumplieron años y después de mucho trabajo dejaron el negocio a la juventud. Jose, el nuevo dueño siguió ofreciendo lo mismo y los parroquianos seguimos acudiendo con algún refuerzo añadido por eso de la renovación generacional.

Hasta la pintura de Dávila en las paredes siguió desafiante cada día con un poco más de grasa pero firme.  Acompañando  al viejo mural se fue colgando la obra de jóvenes pintores como Gallo, Branda… que aportaba al local un nuevo estilo artístico.

La piqueta se llevó “el bistec” y Jose tuvo que cambiar de aires encaminando sus pasos a la cuesta del Matadero dejando en el camino de mudanza los queridos bistecs y las deliciosas puskas.

Ahí queda el cuadro de Pablo Gallo como recuerdo de un lugar donde disfrutamos de compañía y animada charla acodados en mesas y toneles frente a un plato de bistec, patatas y palillo.

La Semana Santa que se acerca me trae a la memoria aquel Viernes Santo a finales de los sesenta en que el bueno de Baixeras pidió como siempre “dos bistecs”, Manolo dijo “hoy no hay, es abstinencia”, “¡Pues, pon dos Puskas!”

El cuadro de la foto se expuso en la exposición “Demasiada calma en la ciudad” en el Club Financiero Atlántico de A Coruña en el año 2007.

HUELLAS DEL BOMBARDEO DESDE EL PARROTE


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La casa de la foto es la del  “indiano” Benito Agar que en 1779 la construye en la calle Real 1, continuación por lo que hoy es calle Agar y Marina.

Apreciamos en el vértice derecho del frontón sobre una ventana el deterioro ocasionado el 20 de julio de 1936 cuando el Gobierno Civil fue bombardeado desde el Parrote. En aquellos tiempos el Gobierno Civil compartía sede con el teatro Rosalía.

El bombardeo iniciado la tarde del 20 de julio por una batería de artillería duró apenas unas horas. Durante el bombardeo muere el cabo Santiago Gómez al explotarle un proyectil.

En la sede del gobierno civil se habían atrincherado el gobernador civil Pérez Carballo con unos guardias de asalto y algún voluntario intentando defender el poder establecido frente a los golpistas. A media tarde se rinden siendo detenidos y llevados a la cárcel de la torre. Cuatro días después fue fusilado en el Campo da rata.

Su mujer, Juana Capdevielle, también es detenida y aparece su cuerpo, en una cuneta de la N-VI, en las cercanías de Rábade a mediados de agosto. Estaba embarazada.

En esa muesca de la fachada  mirando a la Marina queda el triste recuerdo de una tragedia.

EL VIEJO GAS

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Tapa del Gas en la calle de Juan Flórez

Al callejear con la mirada baja por la ciudad podemos ir descubriendo el paso del tiempo en calzadas y aceras. Las diversas tapas y alcantarillas son un reclamo para viajar en el tiempo. Empresas de telefonía, electricidad, aguas, saneamiento, semáforos con el añadido de los nombres de las fundiciones y año en que las fabricaron van apareciendo en el tranquilo caminar.

Hoy me he encontrado con una distinta que conecta con un olor de mi infancia. La tapa pone simplemente Gas, nada parecido a las pequeñitas que hay por toda la ciudad de Gas Natural.

Sería a mediados de los cincuenta cuando haciendo las tareas escolares en la mesa de la cocina, a última hora de la tarde, llegaba un repugnante olor animándome a dejar el trabajo y a acudir a quejarme a mi madre: “con ese olor no puedo estudiar’’.” Es el gas de Celina que está haciendo la cena” contestaba mi madre. ‘Voy a hacerla yo, ya es hora”. El olor pestilente que subía de casa de la vecina marcaba la cena de mi familia. Pronto la cocina se llenaba con el alegre batido de los huevos para hacer la tortilla francesa, y el chisporroteo del freír meigas, fanecas o los ricos peones según el día que hacía olvidar el desagradable olor. Nunca se me ocurrió poner, al día siguiente en clase, como disculpa de no haber terminado las tareas al mal olor de la vecina.

Con este olor me viene la imagen de la inmensa y humeante chimenea de la Fábrica del Gas enfrente del colegio de los Salesianos en la calle del Socorro. Aquel conjunto me daba miedo apareciéndose a mi imaginación infantil como una representación del temido infierno. Había sido construida en los terrenos de una antigua plaza de toros de madera allá por 1854 y derribada en 1957.

La tapa de la foto está en la calle de Juan Flórez, hay otra en San Andrés. Me “huele’’ que son restos de la antigua canalización.

CALLE FERNANDO GONZÁLEZ Y ALGO MÁS

Calle Fernando González, A Coruña. Año: 1932. Fuente: A.R.G.

Corría el año 1900 cuando el Ayuntamiento dedica la calle conocida hasta entonces como Séptima transversal del ensanche a Fernando González. Este hombre emigrante a Cuba muy de niño, retorna en 1876 convirtiéndose en un gran constructor que contribuye a impulsar el Ensanche.

El edificio del Fénix, en Plaza de Mina, se debe a él. Se le llamó en un principio edificio Fernándón, así era conocido popularmente Fernando González debido a su inmensa fortuna.

Desde el año 1932, año de la foto, hasta comienzo de los sesenta la calle apenas tuvo cambio.

Bajando desde Juan Flórez a la derecha haciendo esquina estaba el inmenso chalet de los Fariña. La piqueta pudo con él, construyéndose la conocida torre Fisac que fue muy polémica por problemas de alturas.

Mis recuerdos de este chalet me traen los comentarios en casa de la muerte del hijo de los dueños, de rabia, ocasionada por la mordedura del perro de la familia.

A la izquierda estaba Louzao que había ocupado el bajo de Dodge y al lado las oficinas en que saqué mi primer DNI y el eterno Colegio Notarial con su majestuosa cúpula.

Esto era la calle, pero la foto nos cuenta un poco más. Vemos el chalet de don Gaspar Araujo haciendo esquina con Pardo Bazán con la historia de que este médico había ayudado al famoso Foucellas a curar sus heridas cuando se hirió fortuitamente con su arma, yéndose a recuperar en una casa de Monelos después de estar ingresado en un sanatorio coruñés. El guerrillero antifranquista sería poco después, 1952, condenado a muerte y ejecutado en la cárcel coruñesa.

Al fondo se eleva el desaparecido edificio donde estuvo el ultramarinos la Estrella lugar de  vinos, cañas y esparadrapos  acompañados con unos deliciosos fritos de bacalao. Creo recordar que se le llamaba popularmente  el “Segundo Juzgado”. Parte de los parroquianos, al estar enfrente el Palacio de Justicia, lo componían jueces, abogados y funcionarios. Supongo que alguna conciliación tramarían acodados en la barra.

Al fondo chalet Fariña. Año: 1930
En la actualidad

¡La Noche, ha salido La Noche!


“Pie de foto” es una imagen acompañada de un pequeño texto sobre un recuerdo, proyecto; sugerencia o provocación.
Mustafá, A Coruña. Años: 60. Foto: Alberto Martí

Tengo fijada la imagen de este hombre, finales de los cincuenta, alrededor del Obelisco voceando la salida  de La Noche. Todos los días sobre las ocho de la tarde se oía su voz pregonando el nombre del periódico junto con el de alguna noticia invitando a los transeúntes a comprar el periódico.

 La Noche fue un periódico vespertino editado en Santiago por Editorial Compostelana. Se publicó entre 1946 y 1967. De tendencia progresista y gallegista. Tuvo como colaboradores a:  Antón Fraguas, Alvaro  Cunqueiro, Vicente Risco, Méndez Ferrín, Bouza Rey entre otros.

Mustafá había llegado a España para luchar con el ejército de Franco quedándose al terminar la guerra.

Además de prensa era sobre todo vendedor ambulante de lotería. Su radio de acción comprendía el Obelisco, Rúa Nueva y calle de los vinos. Hasta los años ochenta era frecuente encontrarlo voceando: ¡La suerte, la suerte!, ¡El que toca, el que toca! Difícilmente se le entendía, de aspecto desaliñado con su eterna gabardina que debió ser blanca. En los últimos años su andar se hizo renqueante pero seguía caminando ofreciendo ilusión.

A su muerte en 1986 dejó cerca de 37 millones de pesetas que heredó el Estado. Una vida de penurias, no debió gastar nunca nada. La herencia al Estado, el producto de cincuenta años de mucho caminar y vocear.

AQUELLOS PASEOS POR EL PUERTO

Año: 1920. Fuente: A.R.G.

A Coruña al mismo tiempo que ha ido abriéndose al mar con la construcción del paseo marítimo ha perdido su puerto como lugar de paseo. Las puertas se cerraron por cuestiones de seguridad y las habituales visitas quedaron en el recuerdo.

Muchos paseos en las tardes de los jueves de la infancia  descubriendo barcos y pabellones distintos. Siempre había alguna bandera que había que descubrir su procedencia, una mercancía, un tinglado. El tráfico de camiones, actividades de las grúas, el tren interior con su locomotora de vapor, las diversas mercancías formando inmensas montañas. Los aparejos de los pesqueros, la cena preparada en cubierta para tomar antes de salir a faenar, los grandes trasatlánticos para llevar a los emigrantes a América. Todo contribuía a un bule bule que me atraía y avivaba mi imaginación y sueños de aventura en lejanos países.

Poco a poco aquellos paseos fueron evolucionando a juegos en los que nos afanábamos la pandilla. Los domingos era un lugar tranquilo, sin movimientos del personal. Allí éramos libres para escondernos y con ayuda de Roger, el perro de Gonzalo, buscar a los escondidos, tirar petardos, lanzarnos trozos de carbón… El querido Gonzalo una tarde quiso imitar a un bucanero de las películas saltando a un barco pesquero. Cuando más entretenido estaba en sus gritos y los demás íbamos a seguirle surgió del puente un hombre al que debíamos haber sacado de la siesta, le atizó una tremenda bofetada tirándolo sobre la cubierta. Allí acabó por un día la aventura de mares lejanos.

El Begoña, Monte Umbe, Cabo Hornos y otros eran habituales en el puerto. Sin olvidar al Marqués de Comillas o al Magallanes, no en vano uno de ellos, no recuerdo cual, fue el que me trajo a casa ya que según decían aquí no llegaba la cigüeña.

El tiempo fue transcurriendo, los paseos y juegos fueron  evolucionando hasta verme con mis alumnos de visita por el puerto. ¡Qué mañanas!

Un día íbamos a la lonja. Éramos recibidos con simpatía y cariño. Asistíamos a alguna subasta y al acondicionamiento de pescados en cajas y distribución a los camiones.

Otro día desde la Dársena comenzábamos a caminar descubriendo los diversos muelles y su función. Los almacenes, silos.

En el muelle Méndez Núñez comenzábamos el descubrimiento de las grúas pórtico, las vías del  tren para comunicar con la estación de San Diego, las tomas de agua para los barcos y el camino nos llevaba al muelle de Batería acondicionado a otro tipo de mercancías de granos y alúmina con sus silos y tuberías. Los muelles de Calvo Sotelo para cargar aceite y cemento, el del Centenario para los portacontenedores para silicio de Pico Sacro. San Diego para amoníaco, coque y la fábrica de hielo y sal.

Especial interés en el Pesquero con los barcos de altura y bajura, los secaderos de redes en el muelle de Santa Lucía. Eran visitas de descubrimiento, de cercanía, nada que ver con las últimas hechas desde el autobús, sin poder bajar para evitar accidentes.

Todo se fue ocultando, la protección, la tranquilidad de los trabajadores trajo el coste del puerto olvidado y escondido.

Entiendo que tiene que ser así, aunque ¿podría organizarse algún día de puertas abiertas?

Año: 1930. Fuente: A.R.G.
En el muelle de Méndez Núñez, descarga de trigo con la grúa cuchara a la tolva donde se van llenando los sacos. Foto: Martí
El ansiado 600 llegaba a A Coruña por mar desde la factoría de la Seat en Barcelona. Año: 1959. Foto: Blanco
Muelles de Baterías y Méndez Núñez. Completa imagen de movimiento, no falta nada: montañas de sal (creo), tren, maderas, edificio de Aduanas, y en el exterior Terraza, Kiosco y antiguo Hotel Atlantic.
Las visitas del Begoña fueros habituales en el puerto coruñés a lo lago de los años 60. Barco construido para la Armada Norteamericana y utilizado como carguero. Comprado en 1957 por la Compañía Trasatlántica Española que lo dedica al transporte de emigrantes a América.
En la foto podemos ver el viejo edificio de la Aduana y unos almacenes que se usaron como sala de exposiciones antes de construir el Centro Comercial Cantones Village.
Años: 50. Lamela capta una aproximación al muelle de Méndez Núñez.
Bidones, supongo aceite, en el muelle de Calvo Sotelo
Muelle de Linares Rivas
Instituto Oceanográfico en el muelle de Batería. Año: 191…
Batería de Salvas. Año: 1892
Lugar cercano a la plaza de Ourense utilizado por los madereros que formaban grandes torres con la madera hasta su utilización. El lugar era conocido por las tablas y protegidos por las sombras era lugar de encuentros poco confesables. Años: 60. Foto: Blanco
Años:50. Foto: José Lamela
Viejo Muelle de Hierro construido en 1869. Era un muelle-embarcadero que estaba en el malecón de la Marina frente a la antigua Aduana, hoy Subdelegación del Gobierno. Estuvo en funcionamiento hasta 1915.
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Monja en los años 50 recogiendo restos de comida en un barco para alimentar a los animales en el Refugio. Foto: Blanco
Tren del puerto con locomotora de vapor y el Monte Umbe un habitual en el puerto para llevar a America a los emigrantes. Era frecuente cierto trasiego de estraperlo llevado por tripulantes de los barcos. El tabaco para liar: Gener, Partagás. Licores, transistores, algún equipo de música era bastante habitual en aquellos tiempos. Año: 1959. Foto: Martí
Draga Rotterdam en la construcción del muelle de Linares Rivas. Este muelle se construyó entre los años 1894 y 1909. Año: 1897. Fuente: A.R.G.
Construcción muelle de San Diego. Año: 1965
Almacenes que estaban donde se construiría el Teatro Colón, al fondo se puede ver el Muelle de Hierro. Año: 1909
Año: 1920
Año: 190…
Año: 190…
Año: 1915. Foto: Ferrer
Garás. Año:1920
Imagen de José Lamela de boniteros en los años 60
Un alto en el trabajo
Lonja de la Palloza. Foto: Martí
Flota pesquera. Foto: Martí
Foto de Lamela captando el caminar tranquilo por el puerto en los años 50
Monjas contemplando unos barcos de guerra. En los años sesenta eran frecuentes las visitas al puerto de diversas flotas. La animación y el trasiego alcohólico era abundante juntamente con las actuaciones de sus PM que controlaban al personal de forma adecuada. Año: 1960. Foto: Blanco.
Descanso de la ruleta del cilindro. Año: 1961. Foto: Alberto Martí
Juegos y sueños de aventura de los años 50. Foto: Lamela
¿Picarán?. Foto: Pillado.
Doña Emilia Pardo Bazán en 1907
Año 1916, emigrantes embarcando (Dársena) en las lanchas que les llevarían al barco fondeado en la bahía
Cabo de Hornos comprado por la naviera Ybarra en 1940 a una de Estados Unidos llevó a América a emigrantes desde Vigo y A Coruña hasta comienzo de los sesenta
Esperando para embarcar en el Cabo de Hornos. Año: 1963. Foto: Alberto Martí
Interesante foto de 1900 en al que podemos ver el fuerte de Malvecín y un molino del monte de Santa Margarita. El fuerte de Malvecín desaparece en 1905, estaba aproximadamente en la actual Rosaleda. Se unía por el frente de tierra (Juana de Vega) con el al baluarte del Caramanchón. De todo ello solo queda la Coraza del Orzán.

AHEDO DEL BUTRÓN: PUERTAS Y BALCONES

Ahedo del Butrón, Burgos. Desde la carretera CL.629 de Villarcayo a Burgos remontado el puerto de La Mazorra nos desviamos por BU-V-5143. Pasado Dobro a un kilómetro a la derecha encontraremos una estrecha carretera que nos llevará a Ahedo.
La carretera es serpenteante. Desciende protegida por roblizos encajonándose entre picachos que animan a lo que se avecina. Se llega a Ahedo viendo a la izquierda las eras redondas, enmarcadas en muritos de piedra perfectamente conservados. De aquí sale un camino para llegar a Tudanca en una pequeña caminata muy recomendable.
Las primeras veces que fui a Ahedo lo hice acompañando a mi tío en su venta ambulante con la “pachanga”. Fue una experiencia inolvidable. Llegar al pueblo, tocar la bocina y empezar a salir mujeres que iban arremolinándose alrededor de mi tío al mismo tiempo que éste sufría una transformación apareciendo una persona para mi desconocida. Qué labia, qué desparpajo, como convencía que las chaquetas, blusas, faldas… eran lo más bonito, barato y les quedaba “que ni pintado”. Era serio, no admitía regateos, el fiado sí. “A ver si hoy cobro algo de lo que me deben” me comentaba cuando nos acercábamos al pueblo.
De vuelta a casa me hacía prometer que todo lo visto era secreto, quedaba entre los dos.
Todos los años volvía alguna vez desde Dobro donde pasaba los veranos. Muchas veces andando, otras en burro por el camino del rincón. Nos deteníamos en el trayecto a recoger manzanillas, avellanas, endrinas… siempre disfruté de este pueblo bonito y acogedor.
Ahedo cogió más categoría cuando descubrí un relato de Miguel Delibes “El Calvario de Ahedo” en “Castilla habla”. En él aparecen personas conocidas y queridas como Rafa, Toribio, Almudena o Victoria la mujer de Luis, el molinero de Dobro.
Habla Delibes de los “pasos” que se celebraban en Viernes Santo, en que un vecino, Ciriaco, recorre las callejuelas del pueblo con la cruz a cuestas mientras recibe los latigazos de los vecinos en una representación de la Pasión.
Fui una vez y desde luego el espectáculo era interesante pero duro. En aquella ocasión había nevado, hacía un frío tremendo y vi al pobre Ciriaco arrastrar descalzo la pesada cruz recibiendo los latigazos que aunque iban a la cruz siempre se escapaba alguno. Al final del recorrido fuimos todos a casa de Ciriaco donde las mujeres habían preparado unas alubias para reponer las fuerzas. Todos, vecinos y agregados compartimos alubias y charla.
Vuelvo siempre que puedo a Ahedo, paseando por las tortuosas callejuelas me vienen estos recuerdos llenándome de alegría contemplar que las casas, puertas, balcones y el viejo pilón frente a la iglesia permanecen inalterables al paso del tiempo.

 

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“El Calvario de Ahedo” de Miguel Delibes se publicó también en La Vanguardia y en ABC.

 

JUAN CANCELO: IMÁGENES DEL PASADO

En A Coruña de mediados de siglo pasado había dos periódicos: La Voz y El Ideal, y dos fotógrafos de prensa, Alberto Martí en La Voz (antes Blanco) y Juan Cancelo en El Ideal. Igualmente había dos churrerías: El Timón y Bonilla. Y dos heladerías: Ibense e Italiana… La gente se repartía sus preferencias entre dos bandos intentando convencer al contrario que lo suyo era lo mejor. En lo que no había duda y toda la ciudad se ponía de acuerdo era que los mejores bocadillos de calamares fritos estaban  en el kiosco de la Plaza de Orense.

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Recuerdo a Cancelo (1892-1988), vivía cerca de mi casa, con su andar rápido, mirando a todas partes como husmeando a la presa donde poner su objetivo. Inquieto, ojos vivos que parecían llevar el objetivo dentro de ellos. Se le veía en la calle, en las procesiones y desfiles tan abundantes en aquellos tiempos, en el fútbol detrás de las porterías esperando el gol del Deportivo que no siempre llegaba…
Era el fotógrafo de El Ideal, periódico que se leía en casa, y yo merendaba (desayunar era de mi padre) con sus fotos que traían todo lo sucedido el día anterior. Las fotos de Cancelo eran como de uno de la familia.
Tenía un diminuto estanco al lado de la farmacia el Águila, en el final del Cantón Pequeño, donde revelaba las fotos antes de mandarlas al periódico. También en su cercana casa de la calle Compostela revelaba y colgaba las fotos por las escaleras para disfrute de los vecinos. El laboratorio un día se quemó y con el incendio se fue mucho de su trabajo.
A comienzos de año se organizó una interesantísima exposición ”Illa Rota” sobre parte de su trabajo recuperado.
Publico en el blog alguna de las fotos de esa exposición y otras conseguidas en el Arquivo do Reino de Galicia, Ollar Galicia. Fotografía antiga, Coruña onte e hoxe y La Coruña, ciudad en la que nadie es forastero, como un modestísimo homenaje a un hombre que trabajó duro y bien.

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Recibimiento de Manuel Azaña en la Estación del Norte de A Coruña. Año: 1932
manuel azaña Franco. 1932. cancelo
Azaña y Franco 1932
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Con Casares Quiroga en 1931
Manifestación de apoio ás tropas de Franco no Obelisco. Arquivo Cancelo
Manifestación en el Obelisco de apoyo al golpe en 1936
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Presos rezando en la cárcel coruñesa
1938
Playa de Riazor en el año 1938
casa gótica. 1930
Casa Gótica. Año: 1930
lavadero de san diego. 1927
Lavadero de San Diego. Año: 1927
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Plaza de Pontevedra
1964. Con el Alaves
Partido con el Alavés. ¡gol del Depor! Año: 1963
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En la parte inferior izquierda podemos apreciar que el teatro Colón no estaba construido
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“¡No me lo pierdo!”