SIN PALABRAS 80

Dos fotografías: Ayer y hoy. El cambio de una ciudad. Para conocer, recordar y… opinar

Lateral Café Galicia y hotel Ideal, calle Santa Catalina, A Coruña. Año: 1959. Foto: Blanco
En la actualidad. Lateral Fundación Barrie.
Anuncios

PLAZA DE MINA DESDE “EL PESCADOR NAPOLITANO”

Plaza de Mina desde el Jardín. Años :alrededor del 20.. Fuente: A.R.G.

“¿Cómo va la pesca, muchacho?”, parece decir el tranquilo paseante al “niño pescador”. Ahí estuvo desde 1915 hasta hace unos años que emigró a la “Casa de los Peces” para estar al abrigo de las inclemencias según las recomendaciones del Museo del Prado que es el propietario de la escultura. También emigraron al baúl de los recuerdos los edificios del fondo de la foto en la Plaza de Mina.

A la derecha de la foto El Gran hotel de Francia, obra de Faustino Domínguez Coumes-Gay construido en 1890, que después de la guerra pasó a llamarse Hotel España. En 1967 se tira para levantar un nuevo edificio que sería sede del Banco Exterior de España.

Con la desaparición del edificio se fue una parte de la historia de la ciudad. En sus habitaciones descansaron políticos, intelectuales, toreros. Llegó a ser de los más distinguidos de A Coruña.

Tuvo sus días trágicos como el sucedido durante la huelga general de junio de 1901 que en un enfrentamiento entre la población y la Guardia Civil  fueron alcanzadas por los disparos tres camareras que contemplaban los disturbios desde las ventanas. Murieron las tres junto con otros siete manifestantes.

En mi niñez paraba delante del hotel a comprar unas excelentes castañas en un cucurucho de papel de periódico que asadas en la locomotora ofrecía un castañero de poblados bigotes.

A la izquierda de la foto está el edificio conocido hoy por el “Fénix”, en la época de la foto se le llamaba “Fernandón”. Es también de Domínguez Coumes-Gay. En el año 1945 gana altura y se pone en la nueva cúpula el símbolo de la empresa “El Fénix”

De frente la antigua sede de Castromil desaparecido a comienzo de los ochenta construyéndose un edificio donde en sus bajos está un comercio de Inditex.

Tirando del hilo de estos edificios vienen recuerdos mezclados. La espera de la salida para Santiago, los autobuses con algún asiento de banco corrido en el techo, casa Enrique con su pincho de queso con anchoas y la compañía de buenos amigos acodados en la alta barra o sentados en la mesa de la ventana, el Compostelano con su tabla, entrando a la izquierda, con los resultados de los partidos los domingos, Cantón Bar con su barman, poeta y pintor, Alfonso Gallego, y su libro de poemas “Ayer está a volver” que conservo con una cariñosa dedicatoria.

Ahí quedan esas fotos para ver, comparar, comentar y recordar.

A la derecha podemos ver el pedestal tapado por la vegetación donde estuvo la escultura
Edificio El Fénix
En este lugar estuvo Castromil
Ahí estuvo el Gran hotel de Francia

RUBINE: “LA CALLE DEL CHOCOLATERO”

Bonita panorámica de 1930, Al fondo a la izquierda la Compañía de María y más al centro el terreno donde se construiría en estadio de Riazor. Fuente: La Esfera.

El Ayuntamiento decide en 1885 dedicar el nombre de la calle hasta entonces conocida por Riazor a Fernando Rubine y Firpo.

Don Fernando Rubine había nacido en 1812. Hombre emprendedor tiene que abandonar la idea de emigrar a América por cuestiones familiares. Sus ansias emprendedoras las realiza en su ciudad en multitud de empresas. Desde la Fábrica de cristales,  muebles, ferretería y una importante fábrica de chocolates de nombre “La Española” que estuvo considerada como de las mejores de España y Cuba. También fue presidente de la Diputación.

En mi infancia, Rubine era la calle de la alegría cuando me encaminaba a la playa, y de decepción en los regresos de los partidos del Dépor. A finales de los sesenta fue convirtiéndose en la calle de la diversión y el placer con sus cafeterías: Manhattan, Tiffanys, Belmar… y discotecas Diana, Don Q. Se la conocía popularmente por Rubine Street ganando fama de zona de trasiegos no confesables, aunque muchos trasiegos yo no vi.

Año: 1959. Fuente: Moncho González Cotelo

Pasaba por ella el tranvía 3 con su alegre campana cargado de viajeros subvencionados en los topes hasta comienzo de los sesenta. El cambio comenzaba.

La evolución de la calle en los años sesenta fue grande. La piqueta fue derribando desde colegios, periódicos, Casas de baños… todo lo que se puso a tiro fue transformándose en una evolución sin parada.

“La Salud” fue la casa de baños que más resistió al paso del tiempo, habiendo sido inaugurada en 1870. Recuerdo un kiosco a la entrada donde se vendían las entradas para las instalaciones.

El anuncio da información clara de lo que se ofrecía en aquellas instalaciones.

Corría el año 1908 cuando un suceso tiñó este establecimiento y la ciudad por la tragedia vivida.

El teniente Morales tenía relaciones con Teresa Juega poetisa y familiar de los dueños de la otra casa de baños de la zona “La Primitiva”. Una mañana leyendo la prensa se entera que su novia va a publicar un libro de poemas “Alma que llora”. Al teniente no le gustaban las aficiones literarias de Teresa cosa que le tenía prohibido. Encolerizado, sale de su casa y dirigiéndose a “La Primitiva” dispara varias veces a Teresa, se dirige a la playa e intenta suicidarse. Herido es llevado a la “La Salud” donde muere.

Teresa cura de las heridas, se casa poco después y continúa con sus aficiones literarias, teniendo una larga vida. Muere en 1979 con más de noventa años.

Unos años antes, 1963, “La Salud” desaparece y sobre el solar se eleva el edificio “Siso”, su constructor, que proyecta su gran sombra sobre la playa sepultando los baños simples y compuestos, sulfuros sódicos y cloruros sulfurosos, duchas variadas, baños de algas… triunfando los intereses particulares sobre lo público.

En Rubine 10 estuvo entre 1931 y 1959 El Ideal Gallego, fundado por el padre Toubes con instalaciones anteriores en el Cantón Grande.  Cuando cerró en Rubine mudó su sede a la cercana calle de Francisco Mariño.

Para darnos una idea de la tranquilidad de la calle me viene a la memoria una anécdota en la que era protagonista mi querido Don José Sardina, cofundador del Hogar de Santa Margarita. Allá por  los cuarenta cuando el padre Sardina iba por las mañanas desde su domicilio en la plaza de María Pita al Hogar, el tranvía que le llevaba aminoraba su marcha al pasar delante de la sede del periódico y un empleado le entregaba en mano las noticias fresquitas.

Comienzo de Rubine. Año: 1954. Fuente: Miguel Guti

Fue también calle con colegio, las terciarias tuvieron sus instalaciones hasta mediados de los setenta cuando como otros colegios fueron abandonando el centro en busca de instalaciones nuevas adaptadas a los nuevos tiempos mientras que en las viejas se elevaban al cielo altos edificios.

El colegio de las terciarias que estuvo entre la Casa de Baños y El Ideal Gallego había tenido su origen en el  “Asilo de Nuestra Señora de Nazaret” a finales del siglo XIX. Se  dedicaban a la atención de los niños de las cigarreras y las jóvenes del servicio doméstico. En 1930 cambia su orientación a la enseñanza con la que continúan en la actualidad.

Fuente: Charlie Crespo Go

Para ir terminando el recorrido de esta calle no me puedo olvidar del espléndido cine Riazor que inaugurado en 1965 con la película “El Mundo está loco, loco, loco” trajo a A Coruña una gran sala de 1500 butacas cómodas y una proyección y sonido perfecto con todos los adelantos del momento. Muchas fueron las tardes que disfruté en sus instalaciones hasta que en 1998 se cierra.

Poco a poco. Piquetazo va y viene la calle fue cambiando, adaptándose a intereses particulares, ganando altitud y sombras para una calle que hoy aparece como de paso pero sin referencias en la ciudad.

Vendedor de botijos en Rubine. Año: 1959. Foto: Blanco

Refresquemos un poco.

CUATRO BISTECS Y DOS PUSKAS!


“Pie de foto” imagen acompañada de pequeño texto sobre un recuerdo, proyecto; sugerencia o provocación.
PABLO GALLO. “A nova pataca”. Acrílico sobre lienzo. 60×60. 2007.

De esta imagen del cuadro de Pablo Gallo en la realidad ya no queda nada.  La piqueta se llevó, por mandato municipal, el entrañable lugar que  según parece era un tapón urbanístico. De la vieja “Nova pataca” solo está el recuerdo.

Lo conocíamos por “el bistec”, una taberna incrustada en el rinconcillo de la calle Huertas donde, desde principios de los cincuenta Manolo ofrecía para acompañar al vino o cerveza una tapa de finas patatas con un trocito de bistec atravesada por un palillo.

Lugar de parada diaria ya fuera al mediodía o a la tarde. Nos reuníamos lo más variopinto de la ciudad. Empleados de banca, funcionarios, el barrendero de la zona y grupos de desarrapados, con barbas y largas melenas, formados por poetas, pintores, fotógrafos, cineastas… y aspirantes a maestros que haciendo un alto en el trabajo unos y en el deambular otros nos metíamos en aquel lugar tranquilo y acogedor. Un día Manolo tuvo a bien ampliar su oferta y añadió a las finas patatas y a su eterno palillo un trozo de salchicha bautizándolo como Puskas, no en vano el gran futbolistas tenía una fábrica de salchichas.

Manolo y su mujer cumplieron años y después de mucho trabajo dejaron el negocio a la juventud. Jose, el nuevo dueño siguió ofreciendo lo mismo y los parroquianos seguimos acudiendo con algún refuerzo añadido por eso de la renovación generacional.

Hasta la pintura de Dávila en las paredes siguió desafiante cada día con un poco más de grasa pero firme.  Acompañando  al viejo mural se fue colgando la obra de jóvenes pintores como Gallo, Branda… que aportaba al local un nuevo estilo artístico.

La piqueta se llevó “el bistec” y Jose tuvo que cambiar de aires encaminando sus pasos a la cuesta del Matadero dejando en el camino de mudanza los queridos bistecs y las deliciosas puskas.

Ahí queda el cuadro de Pablo Gallo como recuerdo de un lugar donde disfrutamos de compañía y animada charla acodados en mesas y toneles frente a un plato de bistec, patatas y palillo.

La Semana Santa que se acerca me trae a la memoria aquel Viernes Santo a finales de los sesenta en que el bueno de Baixeras pidió como siempre “dos bistecs”, Manolo dijo “hoy no hay, es abstinencia”, “¡Pues, pon dos Puskas!”

El cuadro de la foto se expuso en la exposición “Demasiada calma en la ciudad” en el Club Financiero Atlántico de A Coruña en el año 2007.