KIOSCO DEL ROSALÍA

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La confluencia de las calles: Real, Bailén,  Agar y Riego de Agua era un hervidero de sensaciones. Actuaciones callejeras, castañero con su locomotora, barquillero con el cilindro y ruleta para sortear la cantidad de barquillos de canela y limón que te daban en cada tirada o el parisién del palomar por dos realitos ; vendedoras de chufas, regaliz, pitillos sueltos del Rosalía y en verano don Nicanor. Sin olvidarnos de los puestos de los hippies con su eterno olor a incienso y pachuli.  Allí en ese centro de actividad estaba este singular kiosco que había sido trasladado allá por los sesenta de su primera ubicación en los jardines frente al Obelisco. Creo recordar que una furgoneta o un incendio lo destruyo siendo sustituido por uno de estructura metálica que también desapareció a finales del siglo pasado.

La comunicación, el boca a oreja, el continuo ir y venir del cotilleo no es solo cosa de las redes sociales. Jóvenes y maduros han transmitido sus preocupaciones siempre, algunos con precipitación y bolso abierto, en zapatillas que la urgencia de la noticia no dio tiempo a componer. Todo claro está al lado de un kiosco, qué mejor sitio de intercambio de novedades.

 

 

Foto de Xose Castro

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