A LA PUERTA DEL HOTEL PALAS

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Encuentro esta entrañable foto en: “Fotos antiguas de A Coruña”. Está sin fecha y autor. Por lo que rodea a la foto calculo que es de comienzos de los sesenta. El lugar, la entrada al Hotel Palas en el Obelisco. El edificio se tiró en 1967, antes de la guerra se le conocía por Palace Hotel.
Los recuerdos se avivan con esta imagen. Es una completísima sucesión de detalles que me lleva a mi infancia. En primer lugar la lluvia que parecía que nos acompañaba todo el invierno, el toldo protector de paseantes incluido el guardia municipal con impermeable y casco blanco. Al frente, el tendido eléctrico de los trolebuses, en los jardines el singular Kiosco que con el tiempo se trasladó al lado del Teatro Rosalía y surgiendo sobre las entonces pequeñas palmeras una cúpula del viejo Atlántic Hotel, desaparecido en 1966, con su espectacular milano.
Acompaño la entrada con foto de la actualidad para comprobar lo desaparecido y lo añadido. En primer lugar está el edificio de Mango que sustituyó al antiguo hotel, los contenedores de basura con maceteros, el semáforo, creo recordar que el primer semáforo de la ciudad se puso aquí a comienzos de los sesenta, Copacabana, Kiosco de la Música, Cantones Village que reemplazó a la Estación Marítima y surgiendo como un espectro entre la niebla el Hotel Atlántico que sepultó al pobre milano.

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KIOSCO DEL ROSALÍA

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La confluencia de las calles: Real, Bailén,  Agar y Riego de Agua era un hervidero de sensaciones. Actuaciones callejeras, castañero con su locomotora, barquillero con el cilindro y ruleta para sortear la cantidad de barquillos de canela y limón que te daban en cada tirada o el parisién del palomar por dos realitos ; vendedoras de chufas, regaliz, pitillos sueltos del Rosalía y en verano don Nicanor. Sin olvidarnos de los puestos de los hippies con su eterno olor a incienso y pachuli.  Allí en ese centro de actividad estaba este singular kiosco que había sido trasladado allá por los sesenta de su primera ubicación en los jardines frente al Obelisco. Creo recordar que una furgoneta o un incendio lo destruyo siendo sustituido por uno de estructura metálica que también desapareció a finales del siglo pasado.

La comunicación, el boca a oreja, el continuo ir y venir del cotilleo no es solo cosa de las redes sociales. Jóvenes y maduros han transmitido sus preocupaciones siempre, algunos con precipitación y bolso abierto, en zapatillas que la urgencia de la noticia no dio tiempo a componer. Todo claro está al lado de un kiosco, qué mejor sitio de intercambio de novedades.

 

 

Foto de Xose Castro