CERRADO Y ABANDONADO


“Pie de foto” imagen acompañada de pequeño texto sobre un recuerdo, proyecto; sugerencia o provocación

Kiosco de golosinas en los jardines junto al Estanque de los peces

Hoy publica La Voz de Galicia los resultados de un estudio de la Organización de Consumidores y Usuarios (OCU) señalando a A Coruña como una de las ciudades más sucias de España.

Es evidente que la ciudad ha ido deteriorándose en los últimos tiempos, ha ido ganando en desidia y abandono. Son abundantes las losas rotas, empozamientos de agua cuando llueve, fachadas invadidas de grafitis…

La foto que encabeza esta entrada pertenece a un pequeño rincón enfrente del estanque de los jardines. Lleva así muchos años.

Es difícil acordarse cuando a su alrededor se apiñaban niños y niñas en busca de chuches haciendo un alto en el juego.

Los kioscos supongo que son concesiones municipales, cómo es posible que éste permanezca cerrado. Si acabó la concesión que se quite y no esté como un estorbo.

Es un pequeño ejemplo del menosprecio y desidia hacia lo público y los ciudadanos. Hasta estaría contento que dentro de cuatro años permaneciera el kiosco y hubieran sido repuestas las losas rotas de calles, suprimidos los grafitis, barridas las calles…

CUATRO BISTECS Y DOS PUSKAS!


“Pie de foto” imagen acompañada de pequeño texto sobre un recuerdo, proyecto; sugerencia o provocación.
PABLO GALLO. “A nova pataca”. Acrílico sobre lienzo. 60×60. 2007.

De esta imagen del cuadro de Pablo Gallo en la realidad ya no queda nada.  La piqueta se llevó, por mandato municipal, el entrañable lugar que  según parece era un tapón urbanístico. De la vieja “Nova pataca” solo está el recuerdo.

Lo conocíamos por “el bistec”, una taberna incrustada en el rinconcillo de la calle Huertas donde, desde principios de los cincuenta Manolo ofrecía para acompañar al vino o cerveza una tapa de finas patatas con un trocito de bistec atravesada por un palillo.

Lugar de parada diaria ya fuera al mediodía o a la tarde. Nos reuníamos lo más variopinto de la ciudad. Empleados de banca, funcionarios, el barrendero de la zona y grupos de desarrapados, con barbas y largas melenas, formados por poetas, pintores, fotógrafos, cineastas… y aspirantes a maestros que haciendo un alto en el trabajo unos y en el deambular otros nos metíamos en aquel lugar tranquilo y acogedor. Un día Manolo tuvo a bien ampliar su oferta y añadió a las finas patatas y a su eterno palillo un trozo de salchicha bautizándolo como Puskas, no en vano el gran futbolistas tenía una fábrica de salchichas.

Manolo y su mujer cumplieron años y después de mucho trabajo dejaron el negocio a la juventud. Jose, el nuevo dueño siguió ofreciendo lo mismo y los parroquianos seguimos acudiendo con algún refuerzo añadido por eso de la renovación generacional.

Hasta la pintura de Dávila en las paredes siguió desafiante cada día con un poco más de grasa pero firme.  Acompañando  al viejo mural se fue colgando la obra de jóvenes pintores como Gallo, Branda… que aportaba al local un nuevo estilo artístico.

La piqueta se llevó “el bistec” y Jose tuvo que cambiar de aires encaminando sus pasos a la cuesta del Matadero dejando en el camino de mudanza los queridos bistecs y las deliciosas puskas.

Ahí queda el cuadro de Pablo Gallo como recuerdo de un lugar donde disfrutamos de compañía y animada charla acodados en mesas y toneles frente a un plato de bistec, patatas y palillo.

La Semana Santa que se acerca me trae a la memoria aquel Viernes Santo a finales de los sesenta en que el bueno de Baixeras pidió como siempre “dos bistecs”, Manolo dijo “hoy no hay, es abstinencia”, “¡Pues, pon dos Puskas!”

El cuadro de la foto se expuso en la exposición “Demasiada calma en la ciudad” en el Club Financiero Atlántico de A Coruña en el año 2007.

HUELLAS DEL BOMBARDEO DESDE EL PARROTE


“Pie de foto” imagen acompañada de pequeño texto sobre un recuerdo, proyecto; sugerencia o provocación.

La casa de la foto es la del  “indiano” Benito Agar que en 1779 la construye en la calle Real 1, continuación por lo que hoy es calle Agar y Marina.

Apreciamos en el vértice derecho del frontón sobre una ventana el deterioro ocasionado el 20 de julio de 1936 cuando el Gobierno Civil fue bombardeado desde el Parrote. En aquellos tiempos el Gobierno Civil compartía sede con el teatro Rosalía.

El bombardeo iniciado la tarde del 20 de julio por una batería de artillería duró apenas unas horas. Durante el bombardeo muere el cabo Santiago Gómez al explotarle un proyectil.

En la sede del gobierno civil se habían atrincherado el gobernador civil Pérez Carballo con unos guardias de asalto y algún voluntario intentando defender el poder establecido frente a los golpistas. A media tarde se rinden siendo detenidos y llevados a la cárcel de la torre. Cuatro días después fue fusilado en el Campo da rata.

Su mujer, Juana Capdevielle, también es detenida y aparece su cuerpo, en una cuneta de la N-VI, en las cercanías de Rábade a mediados de agosto. Estaba embarazada.

En esa muesca de la fachada  mirando a la Marina queda el triste recuerdo de una tragedia.