SIN PALABRAS 19

Dos fotografías: Ayer y hoy. El cambio de una ciudad. Para conocer, recordar y… opinar.

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PLAYA DE RIAZOR, A CORUÑA. AÑOS 20. FUENTE: ARQUIVO DO REINO.

 

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EN LA ACTUALIDAD

 

 

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PLAZA Y CONVENTO DE LAS BÁRBARAS

1912 LA VOZ DE GALICIA
1912. FUENTE: LA VOZ DE GALICIA

A CORUÑA. Accediendo a la plazuela de las Bárbaras desde la calle de Herrerías nos encontramos a la izquierda con el callejón de San Benito, donde en el siglo XVI estaba el portillo de la Herrería, que atraviesa la muralla colindante con el convento.
La plaza para mi más bonita y tranquila de la ciudad. Disfrutar de sus piedras en el cruceiro, murallas, enlosado y relieves sobre las puertas del convento es estar en la paz del espíritu. Todo está rodeado del silencio. Hasta cuando los cruceristas del norte llegan a ella, como de costumbre apoyados en muletas y andadores varios, lo hacen en silencio.
Lo único que no es de piedra son las acacias centenarias y los castaños de indias dando el aire romántico que envuelve la plaza junto con las forjadas rejas conventuales de ventanas.
Las monjas están aquí desde el siglo XV en que gracias a donaciones de gente devota y a las dotes de las mujeres que entraban en la orden fue evolucionando desde una pequeña ermita dedicada a Santa Bárbara hasta lo que es ahora con huerta incluida.
Sufrieron a lo largo de los años varios acosos que conmovieron su tranquila vida. Los franceses en 1809 las obligaron a marcharse para asentar ellos las tropas. La desamortización de Mendizabal hace que entre 1842 y 1846 salgan de nuevo trasladándose al convento de Las Maravillas en Panaderas. Con tanto ir venir las instalaciones fueron deteriorándose siendo necesarias nuevas aportaciones para arreglar los desaguisados.
Pertenecen a la orden de Santa Clara desde 1846 cuando abandonan la Orden Tercera. Se dedican a la oración y a la confección de ornamentos litúrgicos, bordado, planchado, lavado de ropa y elaboración de dulces donde cabe destacar los almendrados anunciados en un cartelito que está al lado del torno por donde se comunican con el exterior. Son monjas de clausura y solamente abandonan el convento en ocasiones especiales como: consulta médica, algún curso de formación, reuniones generales de la orden y  para votar.
En la puerta de entrada a la capilla del convento hay un interesante relieve sobre el Juicio Final. Representa al Padre Eterno teniendo en el regazo a Cristo Crucificado que va recibiendo las almas, a su lado el arcángel San Miguel las pesa en una balanza ante la mirada de un temible dragón que permanece expectante. Un relieve más podemos ver en el pequeño patio que da acceso a la capilla. Es un relieve que representa a la Virgen, el Niño y a Santa Bárbara y Santa Clara.
Una vez que el espíritu se ha llenado de fuerza para seguir la vida podemos volver de nuevo por la calle Herrerías y a los pocos pasos el mundo de silencio va desapareciendo por la alegría de voces y risas de los niños que están en la guardería de las Escuelas Populares conocidas antiguamente como las Escuelas del Caldo. Buen día.

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DESFILADERO DE LOS HOCINOS (GR-99)

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VALDENOCEDA (BURGOS). El Camino del Ebro (GR-99) discurre desde el nacimiento del río en Fontibre hasta su desembocadura a través de más de 1200 kilómetros. El Desfiladero de los Hocinos está en la Ruta 7 que va de Manzanedo a Puente Arenas.
La jornada comienza en el Puente del Aire en Valdenoceda. Todo el recorrido por el desfiladero ida y vuelta unos seis kilómetros.
El caminar tranquilo sin dificultad anima a fijarse en la flora compuesta por chopos y tejos. Cuando los árboles lo permiten podemos disfrutar de buitres muy abundantes en la zona que evolucionan buscando sustento.
A la mitad del recorrido el camino se angosta tanto que se han construido unas pasarelas para salvar el desnivel pudiendo seguir la ruta sin dificultad. La visión del rio desde la altura de las pasarelas es espectacular. Como lo es a lo largo de la caminata disfrutar de los recortes del desfiladero que van apareciendo entre la vegetación.
Queda para otra ocasión hacer toda la Ruta 7.

 

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VILLAESCUSA DEL BUTRÓN: EL PASO DEL TIEMPO

 

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TORRE DE LA IGLESIA

VILLAESCUSA DEL BUTRÓN  (BURGOS). Durante estas vacaciones en Dobro (Burgos) he hecho, una vez más, una pequeña caminata de unos cinco kilómetros a Villaescusa en los límites del Parque Natural del Alto Ebro. Salgo desde el camino que parte de la carretera de Porquera hacia el sur. Desde el comienzo se ve, entre una neblina, el campanario de la iglesia de Villaescusa en lo alto de una loma.
Caminar tranquilo, alternándose el paisaje entre páramos, pequeños valles y frondosos bosques de robles, hayas y acebos. Evoluciones, en un cielo azulísimo sin nubes, de rapaces que quedan de vez en cuando estáticas para preparar la mortal caída sobre su presa, buitres que planean buscando sustento también hacen su aparición.
El camino después de una cuesta pronunciada acaba en amplia explanada con taberna al fondo. Todo es silencio. Apoyado en una columna de madera a la entrada de la taberna un joven y a su lado sentada con las piernas en una banqueta una mujer. Los conozco de otras ocasiones, madre e hijo que llevan el bar del pueblo. Ofrecen bebidas y unos huevos con torreznos excelentes.
La primera intención es refrescarme con una cerveza antes de visitar el pueblo. Me sirven una ¡Estrella! Echo en falta a Esteban, simpático y cantarín hombre que solía estar en otras visitas. Comentan que la cabeza le está gastando malas pasadas, se está yendo a las sombras del olvido en una residencia. Qué pena, hace dos años disfruté de su alegría y simpatía. Pago, disculpándome, con un billete de cincuenta. El hijo dice que no hay problema, se dirige a la madre que sigue sentada en su silla, rebuscando en el refajo va sacando billetes hasta completar la vuelta.
El pueblo sigue vacio. Los veraneantes han acudido a la semana grande de Bilbao y no volverán hasta pasadas las fiestas. No veré a nadie durante mi estancia en él.
Villaescusa llegó a tener más de trescientos habitantes en 1900, en los años setenta quedó vacío a causa de la emigración al País Vasco. Poco a poco se ha iniciado una pequeña recuperación, la rehabilitación de alguna casa lo demuestra llegando a los doce vecinos, en verano más.
Paseo entre las callejuelas destacando varias casas con portadas en arco de medio punto que deja el recuerdo de su hidalguía. Era pueblo de arrieros que transportaban sus mercancías por el camino del pescado entre Bilbao y Burgos.
En lo más alto del pueblo se encuentra la iglesia de San Torcuato, de origen románico del siglo Xll que fue evolucionando con reformas y añadidos a lo largo de su historia. En estado ruinoso, no puedo acceder a su interior al estar cerrada con unas tablas y candado.
E inicio la bajada a la explanada en busca del camino de regreso, recordando que mi abuelo estuvo de maestro en este lugar hace casi cien años. Me despido de lejos de los taberneros que siguen en la misma posición. A no más de cincuenta metros del pueblo distingo entre los rastrojos de una finca una orejas puntiagudas y una cabecita con unos ojos que me observan con completa tranquilidad, un zorro que ha salido en busca de la cena.

 

 

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AL FONDO DOBRO. FOTOS: A.R.