LA FERROCARRILANA EN LA RÚA NUEVA

 

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1910. Foto: Ferrer

Viaje, parada y fonda. Era un todo en uno, servicio completo. La diligencia que tenía su salida en la Rúa Nueva, haciendo esquina con la calle Real, llevaba a los viajeros a Santiago en siete horas o a Madrid en cinco días. El trayecto era duro, había que reponer fuerzas o hacer noche para seguir viaje. Fueron naciendo, con el mismo nombre, a lo largo del recorrido fondas, hostales donde comer y pernoctar.

La Ferrocarrilana alcanza categoría y se hizo literaria. Aparece en  “La familia de Pascual Duarte”, donde Pascual Duarte trabaja de chico para todo en esta fonda después de haber abandonado el Papagayo, o en  las andanzas del desterrado Gerardo en su viaje de Coruña a Santiago que nos describe Pérez Lugín en “La Casa de la Troya”.

Las fotos que acompañan a esta entrada son un documento excepcional. Nos meten en el movimiento y vida de esta parte de la ciudad. Da la impresión que es una puesta en escena, que están actuando, pero no, era la vida misma.

Carruajes, carretillos, limpiabotas, el saludo de las gentes, todos van cubiertos con sombreros o gorras, paraguas aunque haga sol. Todo en un continuo movimiento, un ir y venir sin parada. ¡Cuánta actividad!

La calle es una de las más antiguas de la ciudad. Se cree que ya existía como tal a finales del siglo XV. Posible origen judío, donde se establece un pequeño grupo de conversos después de la expulsión y el abandono de la calle Sinagoga en la Ciudad Vieja.

Se le cambia el nombre en 1899 por el de Emilio Castelar y lo conserva durante cuarenta años, para volver en el 39 a su nombre de origen judío.

Recuerdo historias de personajes que me contaban en casa. Del Negro de las corbatas o de Manolita, esta calle era su vida, su lugar de buscarse el sustento. Yo aún echo de menos cuando paso por ella los gritos de Mustafá ofreciendo lotería.

En la parte ancha de la calle que es la que más actividad concentraba estaba Cabrera que acercaba la mercancías a la estación del Norte. El hotel Continental  y el bar América, la Mezquita, El Trópico con su eterno aroma de café recién tostado. Tantos y tantos lugares que dieron vida a una calle en continuo movimiento.

Pero la calle se bifurca, y a derecha e izquierda aparecen La Estrella y Olmos con el ofrecimiento del relajo ante las tazas de ribeiro ¡Cuántas caerían después de la actividad!

Yendo a San Andrés queda un detalle que pasa inadvertido a mucha gente. Es una calle de ida y vuelta, sin salida. Bueno, hoy sin ida pues está enrejada. Es el callejón de San Telmo. El bueno de San Pedro González de Fromista que así se llamaba era dominico y vino a evangelizar estas tierras teniendo mucha dedicación con los pescadores.

Hoy la calle sigue siendo de actividad. Pero el movimiento, la vida que nos trasmiten las fotografías ha desaparecido. Ahí quedan como un bonito recuerdo.

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EN LA ACTUALIDAD

 

 

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AL FONDO HOTEL CONTINENTAL

 

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A LA DERECHA ESTUVO LA FERROCARRILANA

 

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CALLEJÓN DE SAN TELMO

 

 

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VAAA…

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Él estaba allí. Unos tras otros íbamos acercándonos en silencio. Desde la tarima una forma negra ocupaba el espacio. Mis ojos centrados en el suelo ascendían lentamente por aquella masa, saliendo del cuello un cuadrado blanco destacaba en la inmensa negritud, la conocida sonrisa sonrosada esperaba al final.

Todo era silencio. Ni el más leve murmullo salía de aquellos frágiles cuerpos expectantes. Él nos miraba, su cara llena de infinitas venitas sonreía. Bajo sus enormes manos las teclas blancas y negras permanecían mudas esperando el golpe. Un golpe que llenaría el espacio de los sonidos por todos conocidos.

Cuerpos separados, esperando la orden, la indicación de su índice señalando al infinito para que lentamente nos pusiéramos en movimiento hacia su dominio, su poder.

Era el día, el momento de la gran prueba. Llevaba esperándola meses, se acercaba la verificación definitiva que me llevaría a ocupar el lugar ansiado, esperado con henchida ilusión en noches de vigilia.

Las conocidas y repetidas notas del   “Vayamos jubilosos al altar de Dios…” comenzaron a llenar el espacio. Al mismo tiempo la fila, al ritmo que marcaba su índice, comenzó a moverse lentamente hacia él. Un leve temblor movía mi cuerpo, el momento estaba cerca. De la garganta del primero de la fila empezó a salir la canción, el camino hacia lo deseado. Uno tras otro se acercaban y marchaban después de haber entonado las pías estrofas a su derecha o izquierda según marcase el índice.

Por fin llegué delante de él, tras percibir su orden comenzó a salir de mi seca garganta: “Vaaa”. Su imponente voz se dejó oír.

-¡Otro!

El índice me mostró su izquierda.

Con la cabeza baja me acerqué al grupo de los rechazados. Un año más no pertenecería al coro del colegio y no podría cantar en misa de una.

 

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FOTO: MUÑIZ BELTRÁN

 

 

 

EL BELÉN DE LA GRANDE OBRA DE ATOCHA

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La navidad de mi infancia, como en todas, era una alegría continua. Las reuniones de la familia, los adornos, villancicos, regalos, las salidas al cine… todo contribuía a un ambiente de fiesta.

Había un día que dedicábamos a visitar los belenes. Recuerdo con mucho cariño el de la Grande Obra de Atocha. Llegar a la Grande Obra era una divertida excursión por la ciudad. La primera parada al comienzo de San Andrés en la Cívico Militar, visitábamos otro excelente nacimiento y rebuscábamos en un apartado en el que vendían figuritas para el Belén. Siempre caía alguna oveja, lavandera o pastor que había que ir reponiendo en el belén de casa. A la salida enfilábamos Cordonería vigilando el paso del trole pues había poco espacio y curioseábamos entre las cesterías que había en aquella calle. Seguíamos por Panaderas dejando a la izquierda las Capuchinas con sus verjas protectoras y llegábamos al Campo de la Leña llena de tenderetes y chambos en los que se ofrecían diversos productos. Este era el final pues allí estaba y está la Grande Obra.

El belén me sorprendía por su tamaño y por el cuidado de todas las figuras y complementos: el desierto con su efigie y pirámides me llamaba especialmente la atención y no paré hasta lograr algo similar en el mío.

De vuelta a casa pasábamos por la Popular para reponernos con unos churros y chocolate.

La niñez se fue y yo me olvidé de los nacimientos. Hace unos años me pregunté si aún se seguiría poniendo. Me acerqué una tarde y me llevé una gran alegría al comprobar que todo seguía igual. Había retornado a mi infancia. ¡Cuántos recuerdos!. Este martes he vuelto a visitarlo.

El Belén parte de una idea del fundador de la Grande Obra de Atocha: Baltasar Pardal. Se inaugura en 1923. Alfonso XIII visita este Belén en1927.

El fin es eminentemente pedagógico intentando acercar a los niños el nacimiento de Jesucristo. Hace un cuidado recorrido por todas las etapas: la salida del pueblo de Israel atravesando el desierto, la casa de Nazaret donde vivía la Virgen, la ciudad de Jerusalén con su templo, Belén con sus casas y pastores, el Ángel anunciando el nacimiento del Salvador.

Todo ello perfectamente estructurado. Puesto en escena de forma cuidadosa, sencilla. Como complemento en el fondo unos dibujos pertenecientes a Camilo Díaz Baliño padre de Isaac Díaz Pardo.

Merece la pena visitarlo. Para los nostálgicos, una obligación.

 

 

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VISITA DE ALFONSO XIII

 

 

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ANTIGUA CAPILLA DE ATOCHA

 

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CAMPO DE LA LEÑA

 

 

CINE: LA OLA

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¿Así que no creéis que otra dictadura sea posible en Alemania? Es la pregunta que el profesor Wenger (Jürgen Vogel) hace a sus alumnos de Autocracia, dentro del Desarrollo de la semana de proyectos. Percibe que los alumnos están cansados del rollo del nazismo, lo rechazan porque así se lo han dicho, porque es una condena de la historia. Pero no van más allá.

Diseña una estrategia en la que, al ser aceptado como líder, va introduciendo las características de un régimen totalitario: disciplina, pertenencia al grupo, adaptación de símbolos, uniformidad. La transformación de la clase se hace sentir desde el principio.

Lo que comienza como un juego se va de las manos del profesor y el grupo se ve imbuido por las ideas pasando a la acción llevando el experimento a un trágico final.

Queda al final de la película la certeza que el huevo del totalitarismo puede ser incubado en nuestras sociedades que creemos protegidas de esas ideas. La manipulación de las masas, el ser presa de sistemas de comunicación que anulen la capacidad de discernir, quedando atrapado sin darte cuenta pueden formar parte de la manipulación de una sociedad.

Película alemana de 2008 que en su día alcanzó gran éxito de público en Alemania. Basada en un hecho real sucedido en California en 1967 cuando el profesor de historia Ron Jones llevó a cabo el proyecto “La tercera Ola” para demostrar los peligros de la autocracia consiguiendo el efecto contrario.

Didáctica y provocadora. Tal vez simple, introducir el desarrollo de la película en una semana la puede hacer poco creíble, aún así es muy interesante. La he visto por primera vez, en Netflix, aunque había oído hablar mucho de ella no había tenido oportunidad de hacerlo.

Antonio Elorza escribió en El Pais un artículo que fue muy polémico, “La ola”, el 16 de junio de 2014 que partiendo de esta película denunciaba las estrategias de Podemos.

La ola (2008)

País: Alemania

Director: Dennis Gansel

Reparto: Jürgen Vogel

 

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CALLE DE SAN ANDRÉS: EL ABANDONO

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Pasear por San Andrés es pasear por el parque temático de la crisis y el abandono. La que fue la calle del comercio coruñés languidece por la desidia de muchos.

La construcción de innumerables áreas comerciales apoyada por gobiernos municipales anteriores que se vieron deslumbrados por la expansión en un falso progreso, el precio de alquileres que con la crisis era imposible sostener, la jubilación de comerciantes que no vieron continuación, los cambios en la nueva forma de actuar de los compradores y como consecuencia: locales cerrados, sucios, grafiteados, empapelados por un sinfín de publicidad, solares abandonados alguno lleva treinta años, vallas deterioradas, redes de protección, tráfico caótico metiendo los autobuses urbanos por estrecha calle, rúa Alta, poniendo en peligro a viandantes y destrozando aceras. Todo contribuye a conseguir de una calle que fue vida y movimiento un lugar de suciedad y abandono. Dejo unas fotos como ejemplo.

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ÚLTIMOS ALCADES DE A CORUÑA

 

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PACO VAZQUEZ (PSOE) 1983- 2006                              JAVIER LOSADA 2006-2011 (PSOE)

 

¿TENDRÁN ALGO QUE VER?

TELEVISIÓN: 22 ÁNGELES

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Este lunes comienzo a ver con interés la película “22 Ángeles” de TVE sobre la expedición Balmis. La decepción fue llegando a lo largo de su desarrollo.

El tema podía haber dado para bastante más. La expedición de la vacuna de la viruela para llevarla a América y sus responsables son unos olvidados de la historia y esta película poco contribuye a conocerlos.

Capta la atención, en principio,  al esperar que te vaya contando algo más, que profundice algo, que salgan ideas. Pero todo en vano, poco a poco va languideciendo.

De llorar el acento gallego de María Castro en el papel de Isabel Zendal. ¿Alguien cree que eso era necesario para el desarrollo de la película? Me vinieron a la memoria viejos tiempos, que creía olvidados. Un auténtico despropósito. Como lo es el papel del malvado, Carlos Santos, a veces daba la impresión que estábamos en el Club de la Comedia.

Me gustó la interpretación de Pedro Casablanc en el papel del Balmis y el de María Castro como Isabel Zendal, salvo el acento obligado.

Entretiene a veces.

 

 

CAMINAR DE MUJERES

 

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RIBADAVIA,1960. FOTO: ADALBERTO PICASSO

Curioseando en “Ollar Galicia Fotografía Antiga” me encuentro con unas extraordinarias fotos que agrupándolas me cuentan una historia. La  historia del caminar continuo de mujeres. El caminar de aquí para allá dejando en el camino una entrega a los suyos.

La mujer hasta hace poco se dedicaba a las tareas domésticas. Lo de casa no era trabajar. Era un ir y venir entre niños, fregadas y comidas. A algunas no les llegaba el espacio doméstico, su ir y venir se extendía a las calles, a los caminos, a la ribera del mar. En ese caminar para asentarse bien tenían que poner algo sobre la cabeza: un balde, cesta y meterle un poco de peso: unos pescados, algún producto de la huerta y para equilibrar se acompañaba de algún niño que andaba por casa.

La carga la acercaban a los mercados o ferias por eso de ofrecerlo a alguien que le pudiera interesar. De vuelta a casa, si terciaba, alguna iba a la playa para recoger algún berberecho para seguir caminando. Las había que gustaban caminar con las manos  enlatando mariscos, jabones… siempre bajo la mirada del vigilante que cuidaba el camino.

Recuerdo el caminar de las  mujeres en mi niñez. Todas las mañanas llegaba a casa Concha, venía de Tabeaio. Era una mujer pelirroja, bajita, regordeta con una sonrisa siempre en sus labios y ojos. Traía la leche y se llevaba la lavadura.  Por los Santos me obsequiaba con unos collares de castañas que estaban deliciosas.

Acabó caminando a Venezuela, en Tabeaio quedó el marido cuidando de los hijos pequeños, volvió con unos ahorros conseguidos caminando para construir una casa, comprar una furgoneta y seguir caminando vendiendo pescado.

Casi al mismo tiempo que Concha traía la leche, llegaba otra mujer que se llamaba Marcelina, caminaba repartiendo el periódico.

“A Tola”  llegaba los sábados por la tarde. Era una mujer muy gorda que subía las escaleras al grito “¡un cacho pan!” seguida de cinco o seis niños de diferentes edades. Se le daba comida, ropa y alguna perra.

En el páramo castellano, donde pasaba el mes de agosto, las mujeres también caminaban. Al grito contino de maaa, maaa, maaaa… caminaba la “Sorda” con un balde de zinc lleno de pescado encima de la cabeza yendo por las puertas ofreciendo unas merluzas excelentes.

Las mujeres del pueblo caminaban para llevar la comida, que antes habían preparado, a sus maridos que trabajaban la tierra, una vez en la tierra seguían caminando segando con la hoz los cereales y hacíando las gavillas.

De vuelta a casa cuando los maridos habían encerrado a los ganados e iban a tomar unos vinos a la taberna para disfrutar del merecido descanso, ellas caminaban atendiendo a los hijos, haciendo la cena. Mientras hervía el puchero bajaban a las cuadras a ordeñar las ovejas para luego caminar haciendo riquísimos quesos.

El caminar lo solían acompañar con canciones y risas por eso de la alegría.

Añado las fotos, que han provocado este texto no como homenaje. Los homenajes, las placas, las estatuas son para gente importante. Las añado como un recuerdo de mujeres que caminaron duro. Camino hecho con esfuerzo para luchar por los suyos. Mientras las recordemos estarán con nosotros y su caminar seguirá teniendo sentido. Será la lluvia fina que empapa la tierra para prepararla para la nueva cosecha. Mientras tanto, los homenajes, las placas, las estatuas y los minutos de silencio de la gente importante serán cubiertos por el verdín del paso del tiempo que los llevará al olvido.

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FOTO: BENEDICTO CONDE. LUGO:1965

 

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A CORUÑA, 1915. FOTO: PEDRO FERRER

 

 

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ALLARIZ, 1932. FOTO: JOSÉ SUÁREZ

 

 

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1932. FOTO:SUAREZ FERNÁNDEZ

 

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SANTIAGO 1971. FOTO: LA REVOLUCIÓN DE LAS MUJERES
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BETANZOS, 1926. FOTO: ANDERSON

 

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MARÍN,1924. FOTO: ANDERSON

 

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SANTA UXIA DE RIVEIRA, AÑOS 50

 

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1930. FOTO: PACHECO

 

 

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BAIONA, 1946. FOTO: FEDERICO PATELLANI

 

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PONTEVEDRA, 1900. FOTO: FRANCISCO ZAGALA

 

 

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BERBÉS,1910. FOTO: EDUARDO BELLO

 

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A CORUÑA,1925. FOTO: ÁNGEL BLANCO

 

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SANTUARIO OS MILAGROS, 1978. FOTO: CRISTINA GARCÍA

“Padre, ¿Habré caminado lo suficiente?”