CUANDO AL PARQUE DE SANTA MARGARITA LE LLAMÁBAMOS MONTE

 

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AÑOS CINCUENTA. FOTO: ALBERTO MARTÍ

Muchas tardes de jueves disfruté entre pinos y eucaliptos en el Monte de Santa Margarita. No existía la prohibición de pisar el césped, no se molestaba a nadie con el balón, o con los objetos que nos lanzábamos en nuestras eternas luchas; era la alegría de jugar sin preocupación.

Llegaba al Monte por el callejón del Lagar y ya en la Avenida de América aparecía la majestuosa cantera donde hoy está el Palacio de la Opera. La única advertencia era que no nos acercásemos a la cantera. Similar a la  historia de la Biblia de Adán y Eva, tantas veces relatada en el colegio, del fruto prohibido. Y como la manzana prohibida, la cantera siempre atraía, sobre todo cuando aparecían arriesgados muchachos que serpenteaban por los salientes de las rocas intentando llegar lo más arriba posible. Sentía envidia. Algún día coincidía oír una cornetilla que avisaba que iba a estallar un barreno en la cantera, pues estaba en funcionamiento. Mis padres, que de recién casados habían vivido en la calle del Palomar, contaban que a veces habían entrado pequeñas piedras por la ventana como consecuencia de los barrenos.

Otras veces subía por la Cuesta de  La Unión y a la mitad de la calle podíamos contemplar las mulas tirando de algún carro para transportar los sifones y gaseosas que se hacían en la fábrica que allí había.  A la entrada del Monte, estaba el chalet de Enrique Mariñas, con su singular Mercedes. Cuánta emoción transmitida con su palabra  en aquellos partidos narrados en la radio. También aquí la calle era animada por niños que la bajaban  hasta llegar a Juan Flórez o más abajo montados en los carritos fabricados por ellos.

Una vez en el Monte todo era libertad. Los juegos variados, guerras lanzándonos bolitas de eucalipto, tirachinas,  esconderse en el inmenso espacio, jugar al futbol en la explanada, intentar meterse en la construcción que después sería la Casa de las Ciencias, hacer indagaciones en los restos el viejo molino, sortear los pulpos puestos a secar. Los juegos a veces eran interrumpidos  para acercarnos a curiosear desde la lejanía los viejos camiones de Radio Nacional que estaban  cerca del viejo molino, en el lugar que hoy ocupa la biblioteca.

Repetíamos historias oídas a nuestros mayores, ampliándolas y fabulando con espías alemanes y submarinos como protagonistas. No en vano los conocíamos como “los camiones de los alemanes”.

La verdad después contrastada, es que aquellos viejos camiones llegaron de Burgos a finales del 39 después de haber dado servicio a los golpistas en la Guerra Civil. La programación de Radio Nacional en un principio era escasa,  pero el resto del día emitía señal para  los barcos alemanes. En el 42 emitió programas destinados a los voluntarios de la División Azul. Deja de funcionar como centro emisor en 1963.

Hoy mi querido monte ha evolucionado con instalaciones y cuidados que son ejemplo de un buen hacer. La Casa de las Ciencias, joya del parque y de la ciudad, el Palacio de la Ópera en terrenos de la antigua cantera con su cascada artificial, las pistas de variados juegos, merendero, parque infantil, Centro Social…

En esta entrada al blog quiero dejar especial recuerdo de  los pulpos tendidos a secar, los viejos y enigmáticos camiones de los alemanes y por encima de todo el juego en completa libertad con la escalada por la prohibida  cantera, que nunca intenté…  ¿o sí?

 

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AÑO 1959

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FOTO: FERRER

 

EN LA ACTUALIDAD

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LUGAR DONDE ESTABAN LOS VIEJOS CAMIONES DE RADIO NACIONAL

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LA CANTERA EN LA ACTUALIDAD

 

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PALACIO DE LA ÓPERA

 

 

 

 

 

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10 comentarios en “CUANDO AL PARQUE DE SANTA MARGARITA LE LLAMÁBAMOS MONTE”

  1. Muchas gracias por la publicació, ya que en esos tiempos transcurrían mis años de infancia y juventud, vivía en la calle Padre Sarmiento, en ese momento se llamaba Fernández Fariña.
    He de decir que tuve la suerte de conocer al señor Cenamor, era el responsable de la instalación de los camiones alemanes de Radio Nacio Nacional y estuve dentro muchas veces.
    Reitero mi agradecimiento por la publicación.

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  2. Los que llaman “camiones alemanes” nosotros le llamábamos “las emisoras” y muchas tardes de mi infancia transcurrieron en sus alrededores, en el molino, jugando a brile en su estanque vacío, y más tarde haciendo labores sentadas al sol con nuestras madres, que pretendían , sin demasiado éxito, al menos en mi caso, convertirnos en jovencitas hacendosas…..

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  3. Muchas gracias por el reportaje. Recuerdo con muchísimo cariño el palacete donde subíamos por su estructura, los partidos de fútbol donde ahora está la rosaleda, el camping y tantas otras aventuras en nuestro monte de Santa Margarita.

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