DE DON TRIQUI A PABLO GALLO

AVENIDA PABLO
PABLO GALLO

El cuadro de Pablo Gallo me trasmite inquietud. La desolación en una ciudad desierta donde permanecen los objetos rodeados de una luz apagada, desvanecida. Queda el recuerdo de un tiempo pasado mostrándose en completa soledad, que nos trae unos días de bullicio, alegría y luz.

¿Qué ha pasado? ¿Qué catástrofe ha llenado todo de silencio?, ¿Qué entrada profunda a la oscuridad permanece provocadoramente ante nuestra mirada?

Hoy cuando por intereses que desconozco y después de pasar por dos propietarios: Amancio Ortega y Abanca; y varios cambios de calificación, el edificio permanece oculto a los ciudadanos en un insulto permanente, he recuperado el cuadro del pintor coruñés como un pequeño homenaje al entrañable cine.

 

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El cine Avenida, obra de Rafael González Villar, se inaugura en 1941, sustituyendo al Teatro Linares Rivas de Leoncio Bescansa, construido en 1920.

El Linares Rivas era un edificio modernista, el arquitecto también construyó las Escuelas Labaca de Juan Flórez, con mucha filigrana y bonitas máscaras en la fachada. Tenía capacidad para cerca de 1200 espectadores y contaba como dato curioso con palcos de luto cerrados con cortinajes. Se dedicó a cine, teatro, zarzuelas y variedades.

 Se derribó en 1937 levantándose en su solar el edificio del Avenida con sala de cine y pisos para viviendas y oficinas. ¡Qué cosas pasaban! ¡Duró en pie diecisiete años!

El Avenida no fue solo un cine, donde el comienzo de la proyección te llenaba de intriga. Al mismo tiempo que el telón poco a poco iba dejando visible la pantalla la luz de la sala empezaba a disminuir en intensidad hasta dejarla en completa oscuridad. ¡Qué emoción! Era además lugar de juego de niños corriendo a derecha e izquierda por su vestíbulo, lugar de quedada de muchas generaciones, de angustia ¿vendrá o me dará plantón?. Las carteleras repasadas veces y veces: a derecha la peli que estaban proyectando, a izquierda la próxima para ir creando expectación. La heladería de la entrada que competía con la Ibense sin lograr superarla.

Mi recuerdo más lejano me lleva a la librería Avenida que estaba al fondo a la izquierda, donde me compraban mis primeros tebeos. Don Triqui: rectangular, pequeño,  en blanco y negro salvo la portada que era a color. Lo sustituí por TBO de La familia Ulises, Las hermanas Gilda y los inolvidables inventos del Profesor Franz de Copenhage.

Al pasear por el Cantón y ver el telón que cubre el edificio se me ha avivado el recuerdo de los queridos tebeos y del extraordinario y provocador cuadro de Gallo. Mil gracias a los dos.

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2 comentarios en “DE DON TRIQUI A PABLO GALLO”

  1. Gracias, es cierto, la heladería ….es verdad, había olvidado que estaba allí, a la derecha, a la entrada.
    Yo no le di plantón a alguien con quien quedé; mi primera cita con un chico, un día de Marzo de 1970, al lado de la pequeña joyería que estaba a la izquierda. Tampoco él a mí. Al llegar al Savoy, mientras me acercaba al Cine Avenida, pensé si no estaría esperándome. Pero estaba allí. Y aún lo veo, con su gabardina y su sonrisa puestas. Cuarenta y seis años más tarde, aquella primera cita entre un chico de 22 años y una chica de 19, fue un breve encuentro que aún dura hasta hoy.

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