DEL HOTEL IDEAL AL CINE AVENIDA

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FOTOS ANTIGUAS LA CORUÑA

Como las fichas de un dominó fueron cayendo empujadas por las deslumbrantes fundaciones las viejas edificaciones del Cantón Grande. Eran casas de balcón en primer piso y dos o tres más con galería. Humildes, sin pretensiones de figurar en afamadas revistas de arquitectura, de esas que regalaban los bancos a clientes con clase. Creo que formaban un bonito conjunto que se puede apreciar en la fotografía.

Desde la esquina con la calle Santa Catalina al tapado cine Avenida todo ha desaparecido en los últimos años.

Hotel Ideal hacía esquina teniendo la entrada por la calle Santa Catalina, hasta que lo tiraron conservaba en el suelo de mármol de la entrada en letras negras “Hotel Londres” su antiguo nombre. En el bajo Café  Galicia, centro de tertulianos a la hora del café, cuantos negocios y cotilleos contarían sus paredes.

Dicen crónicas antiguas que el gran Kubala festejaba sus triunfos sobre el Deportivo agarrado a la barra hasta que un par de compañeros le ayudaban a tomar el camino de la Estación del Norte para coger el Shangái.

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Al lado del café Galicia estaba Simeón, Foto Blanco, primera visita, que hacía un amigo cuando volvía de vacaciones, a ver a la mujer más guapa de Coruña (el lo decía de otra forma) que allí trabajaba. En foto Blanco hice las fotos para mi primer carnet de identidad. Las hacían en el primer piso y se subía por una escalera destartalada que había al fondo del negocio.

Farmacia Vigil, el siguiente, toda la noche abierta siempre amabilidad aunque no hubiera receta del medicamento prescrito en una noche de urgencia por teléfono. Lago y Lago con las primeras televisiones, sus pantallas a la calle reuniendo a todos los parroquianos ante las primeras imágenes televisivas que se veían en la ciudad, Radio City las pilas, las pequeñas reparaciones. Librería Zincke hermanos, una institución en la ciudad, después Librería Arenas.

En Arenas me sucedió un incidente que aún recuerdo. Una mañana en que curioseaba entre los libros sacándolos de la estantería: hojeaba y ojeaba, mirando y midiendo si podría acceder a alguno, se acercó un dependiente y me señalo el camino de la trastienda al fondo del establecimiento: ¡acompañemé1

 ¡Saca el libro!  gritó nada más entrar.

Aparecieron el dueño y otro más, me conminaron amablemente a quitarme el impermeable gris de la época, el jersey y subir la camisa, en busca del libro que creían que había cogido. Nada por aquí, nada por allá.

Aún recuerdo la cara de tontos que les quedó a don Fernando Arenas, librero y editor, y a los dos empleados, tres contra mis dieciséis años, al comprobar que no había nada. Se disculparon: “hoy nos han robado varios libros, comprende”

Salí y no volví a entrar en aquel viejo edificio. Mi consumo de libros, que se iniciaba, se dirigió a otros establecimientos.

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4 comentarios en “DEL HOTEL IDEAL AL CINE AVENIDA”

  1. Queda el edificio del Banco. Sin él yo ya no reconocería el Cantón Grande, o ‘las grandes avenidas de Londres’, nombre que mi madre le adjudicaba en su juventud a ese Cantón, el más Grande de España.

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